viernes, 8 de octubre de 2010

Recordando al Comandante Ernesto Che Guevara (Rafael H. Martínez G.)


Carta de despedida del Che a sus hijos
A mis hijos
Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:
Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.
Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.
Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de
Papá




En Tepotzotlán, el 18 de agosto de 1955 se celebra el matrimonio Guevara-Gadea. Numerosos documentos indican que el joven Guevara decide casarse cuando su novia Hilda le informa sobre la llegada de un hijo.
A las siete de la tarde del 15 de febrero del 1956, en México, nace Hilda Beatriz, hija del matrimonio Guevara-Gadea.
En 1956, cuando Guevara es detenido por la policía mexicana en el rancho "Santa Rosa", ubicado en las afueras del Distrito Federal, lugar éste que funcionaba como base de entrenamiento de los revolucionarios cubanos que preparaban la expedición a Cuba, su mujer Hilda y la pequeña hija del matrimonio son detenidas por la policía en su domicilio. Ernesto había mantenido en secreto sus actividades revolucionarias a sus padres. Ante la inminencia de los hechos, relata en una carta sus actividades y la situación por la que atraviesa la pareja. En este escrito, Ernesto menciona su decisión de correr la misma suerte que les toque a sus compañeros de cautiverio y, por otro lado, confirma su separación de Hilda, que "regresará a Perú" en cuanto él salga de prisión en compañía de su hija Hilda Beatriz. El matrimonio ha durado menos de un año.
En 1958, en el Escambray, a tres meses del triunfo revolucionario en Cuba, Ernesto Guevara conocerá a quien sería su segunda esposa y con quien estará ligado afectivamente hasta el final de sus días. La joven cubana sería con el tiempo la madre de cuatro de los cinco hijos del guerrillero. Aleida March Torres con 22 años recién cumplidos se convirtió en poco tiempo en asistente, amiga fiel, y en enero de 1959 en su esposa. Compartirían los últimos meses de la guerra en Cuba antes del triunfo revolucionario y entrarían juntos a La Habana el día de la victoria rebelde.
El 17 de noviembre de 1960, de gira por los países del Este en momentos en que se preparaba a partir de Pekín a Moscú, Ernesto Guevara es informado del nacimiento de su segunda hija, Aleida Guevara March en La Habana, Cuba, donde nacerá el resto de sus hermanos.
El 20 de mayo de 1962, mientras se desempeñaba como ministro de Industrias de Cuba, nace su primer hijo varón, al que los Guevara llamarán Camilo, en homenaje al legendario amigo y compañero de las campañas por las sierras del Che, Camilo Cienfuegos, quien perdiera la vida trágicamente en un accidente aéreo.
El 14 de junio de 1963 nacerá Celia -el nombre elegido por el Che representa un claro homenaje y reconocimiento de Ernesto hacia su madre- cuarto hijo del Che y tercero del matrimonio Guevara-March.
El 19 de marzo de 1964, de su relación con Lidia Rosa López nace el único hijo extramatrimonial que se conoce del Che. Omar Pérez, que debe su nombre al autor de "Rubayat", Omar Khayan, no llevará el apellido de su padre. Ernesto Guevara habría regalado a Lidia un ejemplar del libro, lo que motivó el nombre que llevaría su hijo.
Para determinar la relación que Ernesto Guevara mantenía con sus hijos, el primer referente para un análisis más o menos veraz, ya que poco ha aportado Aleida de su relación con el Che, quien se ha negado sistemáticamente a conceder cualquier tipo de entrevistas, debe partir del momento en el cual nace cada uno de ellos y el peso de las responsabilidades que el guerrillero de origen argentino había asumido en el proceso revolucionario de Cuba.
El reencuentro con Hilda Beatriz, hija de su primer matrimonio con Hilda Gadea, que se produce en enero de 1959, encuentra al Che inmerso en la consolidación de la revolución, pero de todas maneras, el jefe revolucionario se da tiempo, durante los fines de semana o en las visitas que realiza a su ex esposa Hilda, que reside desde ese año en La Habana, para intentar una relación fluida con su primogénita. En el caso de Aleida, Camilo, Celia, Ernesto y Omar, poco se ha dado a conocer. Los hijos del matrimonio Guevara-March llegan al mundo en momentos en que el Che se desempeña como ministro de Industrias, realiza trabajo voluntario y participa de una u otra manera en la construcción del nuevo Estado cubano.
Guevara, en pocas palabras, va recibiendo a sus hijos cuando el horario en que desempeñaba sus tareas revolucionarias ocupaba casi la totalidad de su tiempo, quedándole libre apenas el domingo a la noche para dedicárselo a sus hijos o cuando de vez en cuando los llevaba al ministerio de Industrias para jugar con ellos o, en el caso de Hildita, para que le leyera algún clásico de la literatura mientras él descansaba tirado en el suelo de su despacho. De lunes a sábado, incluyendo casi la totalidad de las noches, Guevara atendía los problemas que surgían en el Ministerio de Industrias, los domingos realizaba trabajos voluntarios, entre otros, al que más tiempo le dedicaba, en el corte de caña.
Además, los constantes viajes que el Che realizaba como embajador de la revolución cubana, de los cuales no participó nunca su familia, ya que Guevara no permitía que la revolución tuviese gastos por el traslado de sus familiares, lo mantuvo alejado durante largos períodos de su mujer y sus hijos.
De la relación que el Che mantuvo con Omar, su hijo extramatrimonial, que no llevará su apellido, se sabe poco y nada. El comienzo de la relación de Guevara con Lidia Rosa Pérez, se ubica en 1959. No se sabe a ciencia cierta si Guevara mantuvo algún vínculo afectivo con Omar o no, si lo visitó o si lo evitó. Se conoce sí, sobre la relación que Hilda Beatriz mantuvo con Omar, su medio hermano, que duraría hasta la muerte misma de la primera hija del Che.
Guevara parece haber mantenido una especial atención con su hija Hildita, a la que llevaba a sus oficinas del Ministerio de Industrias para compartir algún tiempo con ella. En momentos en que el Che se encuentra en la embajada cubana en Dar Es Salaam, recuperándose de la campaña en el Congo y a punto de dirigirse a Praga, el guerrillero argentino escribe a su hija Hildita para felicitarla por su décimo cumpleaños en términos que delatan al ser revolucionario: "Ya eres una mujer y no se te puede escribir como a los niños, contándoles boberías y mentiritas. Has de saber que sigo lejos y estaré mucho tiempo alejado de ti, haciendo lo que pueda para luchar contra nuestros enemigos. No es que sea gran cosa, pero algo hago y siempre podrás estar orgullosa de tu padre".
A finales de octubre de 1966, días antes de partir hacia Bolivia, en un lugar secreto en las afueras de La Habana, irreconocible bajo su nueva identidad de Adolfo Mena, con la cual actuaría a un trabajador social uruguayo, el Che Guevara se despedirá de sus hijos. De la reunión no participará su primogénita Hilda Beatriz, ya que se temía que la pequeña de 10 años pudiera reconocer al hombre oculto bajo el seudónimo de Ramón.
Aleida, su hija, que por entonces contaba apenas 6 años, recordará el encuentro: "El hombre me saluda. Dijo que era español, se identificó como Ramón y dijo que era muy amigo de mi papá". La niña, presintiendo quizás a su padre bajo el disfraz, coloca a Guevara en una de las situaciones más difíciles de su vida diciendo: "Chico, pero tú no eres español, tú lo que pareces es argentino".
A lo largo de su vida, Ernesto Guevara ha dedicado muy poco tiempo a sus hijos. Siempre a dado prioridad a sus tareas revolucionarias frente a la familia. Sin embargo, la carta de despedida que les dirige poco antes de partir hacia Bolivia muestra con claridad el afecto que sentía por ellos.

Carta de despedida del Che a sus hijos
A mis hijos
Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:
Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.
Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.
Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de
Papá
 




Carta a su hija
HiIdita querida:
Hoy te escribo, aunque la carta te llegara bastante después; pero quiero que sepas que me acuerdo de ti y espero que estés pasando tu cumpleaños muy feliz. Ya eres casi una mujer, y no se te puede escribir como a los niños, contándoles boberías o mentiritas.
Has de saber que sigo lejos y estaré mucho tiempo alejado de ti, haciendo lo que pueda para luchar contra nuestros enemigos. No es que sea gran cosa pero algo hago, y creo que podrás estar siempre orgullosa de tu padre, como yo lo estoy de ti.
Acuérdate que todavía faltan muchos años de lucha, y aun cuando seas mujer tendrás que hacer tu parte en la lucha. Mientras, hay que prepararse, ser muy revolucionaria, que a tu edad quiere decir aprender mucho, lo más posible, y estar siempre lista a apoyar las causas justas. Además, obedece a tu mamá y no creerte de todo antes de tiempo. Ya llegara eso.
Debes luchar por ser de las mejores en la escuela. Mejor en todo sentido, ya sabes lo que quiere decir: estudio y actitud revolucionaria, vale decir: buena conducta, seriedad, amor a la Revolución, compañerismo, etc. Yo no era así cuando tenia tu edad, pero estaba en una sociedad distinta, donde el hombre era el enemigo del hombre. Ahora tu tienes el privilegio de vivir otra época y hay que ser digno de ella.
No te olvides de dar una vuelta por la casa para vigilar a los otros críos y aconsejarles que estudien y se porten bien. Sobre todo Aleidita, que te hace mucho caso como hermana mayor.
Bueno, vieja, otra vez, que lo pases muy feliz en tu cumpleaños. Dale un abrazo a tu mama y a Gina, y recibe tu uno grandote y fortísimo que valga por todo el tiempo que no nos veremos, de tu
Papá





Carta a su madre
Bogotá, 6 de julio de 1952
Queridavieja:(1)

Aquí estoy, unos cuantos kilómetros más lejos y algún peso más pobre, preparándome a seguir viaje rumbo a Venezuela. Primero que todo tengo que mandarte el que los cumplas muy feliz de rigor que lo hayas pasado siempre dentro del tiempo medio de la familia en cuestión felicitaciones, luego, seré ordenado te contaré escuetamente mis grandes aventuras desde que salí de Iquitos: la salida se produjo más o menos dentro del término establecido por mí, anduvimos dos noches con la cariñosa compañía de los mosquitos y llegamos a la madrugada a la leprosería de San Pablo, donde nos dieron alojamiento. El médico director, un gran tipo, simpático enseguida con nosotros y en general simpatizábamos con toda la colonia, salvo las monjas que preguntaban por qué no íbamos a misa, resulta que las administradoras eran las tales monjas y al que no iba a misa le cortan la ración todo lo posible (nosotros quedamos sin..., pero los muchachos nos ayudaron y nos conseguían algo todos los días) Fuera de esta pequeña guerra fría la vida transcurría sumamente placentera. El 14 me organizaron una fiesta con mucho pisco, una especie de ginebra que se trepa de lo lindo. El médico director brindó por nosotros y yo, que me había inspirado por el trago, conteste con un discurso muy panamericano que mereció grandes aplausos del calificado y un poco picado público asistente.
Nos demoramos algo más del tiempo calculado pero por fin arrancamos para Colombia. La noche previa un grupo de enfermos se trasladó desde la parte enferma a la sana en una canoa grande, y que es la vía practicable y en el muelle nos dieron una serenata de despedida y dijeron algunos discursos muy emocionantes. Alberto, que ya pinta como sucesor de Perón, se mandó un discurso demagógico en forma tan eficaz, que convulsionó a los homenajeantes. En realidad fue este uno de los espectáculos más interesantes que vimos hasta ahora: un acordeonista no tenía dedos en la mano derecha y los reemplazaba por unos palitos que se ataba a la muñeca, el cantor era ciego y casi todos con figuras monstruosas provocadas por la forma nerviosa de la enfermedad, muy común en las zonas, a lo que se agregaba las luces de los faroles y linternas sobre el río. Un espectáculo de película truculenta. El lugar es precioso todo rodeado de selvas con tribus aborígenes a apenas una legua de camino, las que por supuesto visitamos, con abundante pesca y caza para morfar (2) en cualquier punto y con una riqueza potencial incalculable, lo que provocó en nosotros todo un lindísimo sueño de atravesar la meseta del Matto Grosso par aguas partiendo del río Paraguay para llegar al Amazonas haciendo Medicina y todo lo demás; sueño que es como el de la casa propia... puede ser... el hecho es que nos sentíamos un poco más exploradores y nos largamos río abajo en una balsa que nos construyeron especialmente de lujo; el primer día fue muy bueno pero a la noche, en vez de hacer guardia nos pusimos a dormir los dos cómodamente amparados por un mosquitero que nos habían regalado, y amanecimos varados en la orilla.
Comimos como tiburones. Pasó felizmente todo el otro día y decidimos hacer guardia de una hora cada uno para evitar inconvenientes ya que al atardecer la corriente nos llevó contra la orilla y unas ramas medio hundidas casi nos descuajan la balsa.
Durante una de mis guardias me anoté un punto en contra ya que un pollo que llevábamos para el morfi (3) cayó al agua y se lo llevó la corriente y yo, que antes en San Pablo había atravesado el río, me achiqué en gran forma para ir a buscarlo, mitad por los caimanes que se dejaban ver de vez en cuando y mitad porque nunca he podido vencer del todo el miedo que me da el agua de noche.
Seguro que si estabas vos le sacabas y Ana María creo que también ya que no tienen esos complejos nochísticos que me dan a mí. En uno de los anzuelos había un pez enorme que costó un triunfo sacar. Seguimos haciendo guardia hasta la mañana en que atracamos a la orilla para poder meternos los dos debajo del mosquitero, ya que los carapanás abundan un poquitillo. Después de dormir bien, Alberto, que prefiere la gallina al pescado, se encontró con que los dos anzuelos habían desaparecido durante la noche, lo que agravó su bronca y como había una casa cerca decidimos ir a averiguar cuanto faltaba para Leticia. Cuando el dueño de casa nos contestó en legitimo portugués que Leticia estaba siete horas arriba y que eso era Brasil, nos trenzamos en una agria discusión para demostrar uno al otro que el que se había dormido en la guardia era el contendiente. No surgió la luz.
Regalamos el pescado y un ananá como de cuatro kilos que nos habían regalado los enfermos y nos quedamos en la casa para esperar el día siguiente en que nos llevarían río arriba. El viaje de vuelta fue muy movido también, pero algo cansador porque tuvimos que remar siete horas bien contadas y no estábamos acostumbrados a tanto. En Leticia en principio nos trataron bien, nos alojaron en la policía con casa y comida, etc., pero en cuanto a cuestiones de pasaje no pudimos obtener nada más que un 50% de rebaja por lo que hubo que desembolsar ciento treinta pesos colombianos mas quince por exceso de equipaje, en total mil quinientos de los nuestros. Lo que salvó la situación fue que nos contrataron como entrenadores de un equipo de fútbol mientras esperábamos avión que es quincenal.
Al principio pensábamos entrenar para no hacer papelones, pero como eran muy malos nos decidimos también a jugar, con el brillante resultado de que el equipo considerado más débil llegó al campeonato relámpago organizado, fue finalista y perdió el desempate con penales. Alberto estaba inspirado con su figura parecida en cierto modo a Pedernera y sus pases milimétricos, se ganó el apodo de Pedernerita, precisamente, y yo me atajé un penal que va a quedar para la historia de Leticia. Toda la fiesta hubiera sido muy grata si no se les ocurre tocar el himno colombiano al final y me agacho para limpiarme un poco de sangre de la rodilla mientras lo ejecutaban, lo que provoco la reacción violentísima del comisario (coronel) que me atacó de palabra y le mandaba mi rociada flor cuando me acordé del viaje y otras yerbas y agache el copete. Después de un lindo viaje en avión en que se movió como coctelera llegamos a Bogotá. En el camino Alberto les hablaba a todos los pasajeros de lo terrible que había sido el cruce del Atlántico para nosotros, cuando fuimos a una reunión internacional de leprólogos en París y de que estuvimos a punto de caer en el Atlántico cuando le fallaron tres de los cuatro motores. Acabo con un: "digo que estos Douglas..." tan convincente que temí seriamente por mi vida.
En general estamos por completar la segunda vuelta al mundo. El primer día en Bogotá fue regularcito, conseguimos la comida en la Ciudad Universitaria pero no alojamiento, porque esto esta lleno de estudiantes becados para seguir una serie de cursos que organiza la ONU. Por supuesto, ningún argentino. Recién a la una de la mañana nos dieron alojamiento en un hospital, entendiéndose por tal una silla donde pasamos la noche. No es que estemos tan tirados como eso, pero un raidista de la talla nuestra antes muere que pagar la burguesa comodidad de una casa de pensión. Después nos tomó por su cuenta el servicio de lepra que el primer día nos había olfateado cuidadosamente a causa de la carta de presentación que traíamos del Perú, la que era muy encomiástica pero la firmaba el doctor Pesce que juega en el mismo puesto que Lusteau.
Alberto puso varios plenos y apenas respiraban los tipos los agarré yo con mi alergia y los deje turulatos, resultado: ofrecimiento de contrato para los dos. Yo no pensaba aceptar de ninguna manera pero Alberto sí, por razones obvias, cuando por culpa del cuchillito de Roberto que yo saqué en la calle para hacer un dibujo en el suelo tuvimos tal lío con la policía que nos trató en una forma vejante, que hemos decidido salir cuanto antes para Venezuela de modo que cuando reciban esta carta estaré por salir ya. Si quieren tirarse el lance escriban a Cúcuta, departamento de Santander del Norte, Colombia o muy rápido a Bogotá. Mañana veré a Millonarios y Real Madrid desde la más popular de las tribunas, ya que los compatriotas son más difíciles de roer que ministros. Este país es el que tiene más suprimidas las garantías individuales de todos los que hemos recorrido, la policía patrulla las calles con fusil al hombro y exigen a cada rata el pasaporte, que no falta quien lo lea al revés, es un clima tenso que hace adivinar una revuelta dentro de poco tiempo. Los llanos están en franca revuelta y el ejército es impotente para reprimirla, los conservadores pelean entre ellos; no se ponen de acuerdo y el recuerdo del 9 de abril de 1948 pesa como plomo en todos los ánimos; resumiendo, un clima asfixiante, si los colombianos quieren aguantarlo allá ellos, nosotros nos rajamos cuanto antes.
Parece que Alberto tiene bastantes posibilidades de conseguir un puesto en Caracas. Es de esperar que alguno escriba dos letras para contar cómo andan no tengan que saber todo por intermedio de Beatriz (a ella no le contesto porque estamos a régimen una carta por ciudad, por eso va la tarjetita para Alfredito Gabela adentro) Un abrazo de tu hijo que te añora por los codos, talones y fundillos. Que se anime el viejo y se raje a Venezuela, la vida es más cara que acá pero de paga mucho más y para un tipo ahorrador (!!) como el viejo, eso conviene.
A propósito, si después de vivir un tiempo por aquí sigues enamorado del Tío Sam... pero no divaguemos. Papi es muy intelijudo (con semisorna).
Chau
(1) Mamá
(2) Comer
(3) Comida

Carta su madre
Guayaquil (21 de octubre de 1953)

Te escribo la carta que leerás vaya a saber cuándo desde mi nueva posición de aventurero 100%. Mucha agua corrió bajo los puentes luego de mi última noticia epistolar.
El grano es así: Caminábamos un poco añorantes de la amada patria, Calica, García (una de las adquisiciones) y yo. Hablábamos de lo bien que estarían los dos componentes del grupo que habían conseguido partir para Panamá y comentábamos la formidable entrevista con X.X., este ángel de la guarda que me diste, lo que te cuento luego. El hecho es que García, como al pasar, largó la invitación de irnos con ellos a Guatemala, y yo estaba en una especial disposición psíquica para aceptar. Calica prometió dar su respuesta al día siguiente y la misma fue afirmativa, de modo que había cuatro nuevos candidatos al oprobio yanqui.
Pero en ese momento se iniciaron nuestras desdichas en los consulados, llorando todos los días para conseguir la visa a Panamá, que es el requisito que falta, y después de variadas alternativas con sus correspondientes altibajos psíquicos pareció decidirse por el no. Tu traje, tu obra maestra, la perla de tus sueños, murió heroicamente en una compraventa, y lo mismo sucedió con todas las cosas innecesarias de mi equipaje, que ha disminuido mucho en beneficio de la alcanzada (suspiro) estabilidad económica delterceto.*
Lo concreto es lo siguiente: si un capitán semiamigo accede a hacer la matufia necesaria, podremos viajar a Panamá García y yo, y luego el esfuerzo mancomunado de los que Ilegaron a Guatemala, más los de aquel país, remolcarán al rezagado que queda en prenda de las deudas existentes; si el capitán de marras se hace el burro, los mismos dos compinches seguirán con rumbo a Colombia, quedando siempre la prenda aquí, y de allí partirán con rumbo guatemalteco en lo que dios todopoderoso ponga incauto al alcance de sus garras.
Guayaquil 24, después de muchas idas y venidas y de llamar harto, más meter un perro discreto, tenemos la visa a Panamá. Salimos mañana domingo y estaremos el 29 a 30 por allí. Escribí rápido al consulado.
* El terceto lo integran Gualo García, Andrews Herrera y Ernesto, pues Calica partió hacia Venezuela.
Ernesto

Carta a su tía Beatriz desde Costa Rica:
San José de Costa Rica
10 de diciembre de 1953
Tía-Tía-mía:
Mi vida ha sido un mar de encontradas resoluciones hasta que abandoné valientemente mi equipaje, y mochila al hombro emprendí con el compañero García el sinuoso camino que acá nos condujo. En El Paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruti convenciéndome una vez más de lo terrible que son esos pulpos capitalistas. He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas. En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico.
Informo que además de médico, soy periodista y conferenciante, cosas que me darán (aunque pocos) u$s. Junto con tus aditamentos, te abraza, te besa y te quiere tu sobrino, el de la salud de hierro, el estómago vacío y la luciente fe en el porvenir socialista.
Chau
Chancho


Carta a su madre desde la cárcel en México:
México, Julio 15 de 1956

No soy Cristo y filántropo, vieja, soy todo lo contrario de un Cristo, y la filantropía me parece cosa de... (palabra ilegible), por las cosas que creo, lucho con toda las armas a mi alcance y trato de dejar tendido al otro, en vez de dejarme clavar en una cruz o en cualquier otro lugar. Con respecto a la huelga de hambre estás totalmente equivocada: dos veces la comenzamos, a la primera soltaron a 21 de los 24 detenidos, a la segunda anunciaron que soltarían a Fidel Castro, el jefe del Movimiento, eso sería mañana, de producirse como lo anunciaron quedaríamos en la cárcel sólo dos personas. No quiero que creas como insinúa Hilda que los dos que quedamos somos los sacrificados, somos simplemente los que no tienen los papeles en condiciones y por eso no podemos valernos de los recursos que usaron nuestros compañeros. Mis proyectos son los de salir al país más cercano que me dé asilo, cosa difícil dada la fama interamericana que me han colgado, y allí estar listo para cuando mis servicios sean necesarios. Vuelvo a decirles que es fácil que no pueda escribir en un tiempo más o menos largo.
Lo que realmente me aterra es tu falta de comprensión de todo esto y tus consejos sobre la moderación, el egoísmo, etc, es decir las cualidades más execrables que pueda tener un individuo. No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca en mi que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda. En cuanto a tu llamado al moderado egoísmo, es decir, al individualismo ramplón y miedoso, a las virtudes de XX (1) debo decirte que hice mucho por liquidarlo, no precisamente a ese tipo desconocido, menguado, sino al otro, bohemio, despreocupado del vecino y con el sentimiento de autosuficiencia por la conciencia equivocada o no de mi propia fortaleza. En estos días de cárcel y en los anteriores de entrenamiento me identifique totalmente con los compañeros de causa. Me acuerdo de una frase que un día me pareció imbécil o por lo menos extraña, referente a la identificación tan total entre todos los miembros de un cuerpo combatiente, que el concepto yo había desaparecido totalmente para dar lugar al concepto nosotros. Era una moral comunista y naturalmente puede parecer una exageración doctrinaria, pero realmente era (y es) lindo poder sentir esa remoción de nosotros...
(Las manchas no son lágrimas de sangre, sino jugo de tomate.) (2)
Un profundo error tuyo es creer que de la moderación o el «moderado egoísmo» es de donde salen inventos mayúsculos o obras maestras de arte. Para toda obra grande se necesita pasión y para la revolución se necesita pasión y audacia en grandes dosis, cosas que tenemos como conjunto humano. Otra cosa rara que te noto es la repetida cita de Tata Dios, espero que no vuelvas a tu redil juvenil.
También prevengo que la serie de S.O.S. que lanzaron no sirve para nada: Petit se cagó, Lezica escurrió el bulto y le dio a Hilda (que fue contra mis órdenes) un sermón sobre las obligaciones del asilado político. Raúl Lynch se portó bien, desde lejos, y Padilla Nervo dijo que eran ministerios distintos. Todos podían ayudar pero a condición de que abjurara de mis ideales, no creo de vos que prefieras un hijo vivo y Barrabás a un hijo muerto en cualquier lugar cumpliendo con lo que él considere su deber. Las tratativas de ayuda no hacen más que poner en aprietos a ellos y a mí....
Además es cierto que después de deshacer entuertos en Cuba me iré a otro lado cualquiera y es cierto también que encerrado en el cuadro de una oficina burocrática o en una clínica de enfermedades alérgicas estaría jodido. Con todo, me parece que ese dolor, dolor de madre que entra en la vejez y que quiere a su hijo vivo, es lo respetable, lo que tengo obligación de atender y lo que además tengo ganas de atender, y me gustaría verte no sólo para consolarte, sino para consolarme de mis esporádicas e inconfesables añoranzas. Vieja, te besa y te promete su presencia si no hay novedad. Tu hijo, Al finalizar el texto indica el padre: “Tengo la certeza de que la cárcel acabó por definir totalmente a Ernesto. En esta carta se define con precisión: es un revolucionario con su llama sagrada. En ella hace una profunda autocrítica cuando reconoce que en determinado momento ha sido bohemio despreocupado y autosuficiente”.
(1) Persona de nuestra amistad.
(2) Se refería a dos manchitas rojas que ensuciaban el papel de la carta.

Carta a sus padres
Queridos viejos:
Marzo 1965
Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con mi adarga al brazo.
Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo.
Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, solo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.
Puede ser que ésta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, les va un último abrazo.
Les he querido mucho, sólo que no he sabido expresar mi cariño; soy extremadamente rígido en mis acciones y creo que a veces no me entendieron. No era fácil entenderme, por otra parte, créanme, solamente, hoy.
Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá unas piernas flácidas y unos pulmones cansados. Lo haré. Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condotieri del siglo XX. Un beso a Celia, a Roberto, Juan Martín y Patotín, a Beatriz, a todos. Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante para ustedes.
Ernesto








Carta a Fidel
"Año de la Agricultura"
Habana
Fidel:
Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María
Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.
Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.
Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.
Hago formal renuncia de mis cargos en la Dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.
Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario.
Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario.
He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.
Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.
Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo  un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea.
Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.
Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario,
Che



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