domingo, 22 de marzo de 2015

El caos sistémico se instala en Sudamérica.

Propongo entender la coyuntura por la que atraviesa Sudamérica como el ingreso de la región en la situación de caos sistémico que atraviesa el mundo. Postulo que las manifestaciones del pasado fin de semana en algunas grandes ciudades de Brasil y el acoso interno y externo que sufre el gobierno de Venezuela encarnan un salto cualitativo en esa dirección, en la que se despliegan cuatro grandes fuerzas cuyas fricciones y choques conforman una situación de creciente caos.
La primera frase del informe Tendencias globales hacia 2030, emitido por el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos en 2012, destaca que en 2030 el mundo habrá sufrido cambios radicales y que ningún país ostentará la hegemonía global. El quinto informe de la agencia concluye que el poder se ha desplazado hacia el este y el sur y que el espacio económico y estratégico asiático habrá superado al de Europa y Estados Unidos juntos. Estamos en plena transición hacia ese mundo.
Con base en esa previsión, las élites estadunidenses se aferran al análisis de su principal geoestratega, Nicholas Spykman. Más de la mitad de su obra America’s strategy in world politics, publicada en 1942, está dedicada al papel que debe jugar la potencia en América Latina, y en particular, en Sudamérica. Como bien lo recuerda el cientista político brasileño José Luis Fiori, la clave es la separación de una América Latina mediterránea del resto, que incluye México, Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela, como una zona donde la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada, un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Washington.
El resto de Sudamérica, los países fuera de la zona de su inmediata hegemonía, tienen un trato sólo parcialmente diferente. Spykman plantea que si los grandes estados del sur (Argentina, Brasil y Chile) se unieran para contrabalancear la hegemonía estadunidense, se les debe responder mediante la guerra. Fiori se lamenta de que los países de la región, y particularmente Brasil, no tengan esto tan claro como la superpotencia ( Valor, 29/1/14).
La hegemonía estadunidense, en ambas zonas, está siendo socavada por tres fuerzas: China, los gobiernos progresistas y los movimientos populares. En conjunto, tenemos cuatro fuerzas en disputa cuya colisión definirá el escenario latinoamericano por largo tiempo. De algún modo, representan los papeles que tuvieron españoles (y portugueses), ingleses, criollos y sectores populares durante las independencias.
La primera de esas fuerzas, Estados Unidos, cuenta con poder militar, económico y diplomático, además de aliados poderosos, como para desestabilizar a quienes se le opongan. Ciertamente, ya no tiene un poder casi absoluto como el que le permitió encadenar golpes de Estado para disciplinar la región a su antojo en los años 60 y 70.
La segunda fuerza, China, está desplegando básicamente poder económico y financiero. Ha realizado fuertes inversiones en Venezuela, Argentina y Ecuador, mantiene relaciones importantes con Brasil y Cuba, y adelanta proyectos arriesgados (para Estados Unidos) como el canal de Nicaragua, que competirá con el de Panamá. El primer Foro China-CELAC, celebrado en enero en Pekín, es una muestra del avance de las relaciones chinas con América Latina y anuncia que este proceso no se va a detener.
La tercera fuerza, los gobiernos progresistas, es la más vacilante y contradictoria. Por un lado, se apoyan en los países emergentes, sobre todo China, y en menor medida Rusia. Por otro lado, se apoyan en el modelo extractivo, que implica alianza con China (y otros), pero, sobre todo, es un modo de acumulación que fortalece a las derechas y a las burguesías, así como el modelo industrial fortalecía a trabajadores, sindicatos y partidos de izquierda.
El rentismo petrolero venezolano necesita de intermediarios separados de los trabajadores, sean gestores, administradores o militares. Brasil es un buen ejemplo. El extractivismo minero/soyero/inmobiliario debilita a los movimientos, le da más poder y fuerza a las multinacionales y a los especu­ladores urbanos, a tal punto que sus más conspicuos representantes están en el gabinete de Dilma Rousseff. Continuar con el modelo extractivo es un suicidio político. Polariza a la sociedad y aleja a los sectores populares de las izquierdas. No genera corrupción: es corrupción, porque se basa en el despojo de campesinos y pobres urbanos.
Para la cuarta fuerza, los sectores populares organizados que son el eje de este análisis, el extractivismo/acumulación por despojo/cuarta guerra mundial es una agresión permanente a sus modos de vida y sobrevivencia. La gran novedad de los dos últimos años es que progresivamente se están autonomizando de los gobiernos progresistas, en gran medida a consecuencia del modelo imperante, que los condena a ser dependientes de las políticas sociales, afectando su dignidad.
Esas políticas están perdiendo su capacidad de disciplinar, como quedó demostrado en Brasil en junio de 2013 y cada vez más en toda la región. Los nuevos-nuevos movimientos que están emergiendo, sumados a los viejos movimientos que han sido capaces de reinventarse para seguir en la pelea, están reconfigurando el mapa de las luchas sociales.
Si los gobiernos progresistas persisten en su alianza con los emergentes y con franjas de las burguesías de cada país, seguirán ensanchando la brecha que los separa de los sectores populares organizados. Los movimientos de los de abajo son la única fuerza capaz de derrotar el actual ascenso de las derechas y la injerencia estadunidense.
Así como el ciclo de luchas de finales de los 90 y comienzos de 2000 deslegitimó el modelo neoliberal, sólo un nuevo ciclo de luchas puede volver a modificar la relación de fuerzas en la región. Como demuestra el caso de Brasil luego de junio de 2013, los gobiernos progresistas se muestran temerosos de los movimientos autónomos y prefieren tejer alianzas con los poderes conservadores.



Las paradojas de un país en crisis.

Hace algunos años el gran compositor Tom Jobim declaró que Brasil no es país para principiantes. Y parece que esta afirmación, en principio enigmática, tiene algo de verdadera. Para muchos políticos, intelectuales, periodistas o personas con opinión, se ha transformado en un lugar común decir que Brasil es un país de grandes contradicciones. Y ciertamente lo es.
Desde que asumió su segundo mandato, la presidenta Dilma Rousseff tuvo que enfrentar una enormidad de problemas. Muchos de los problemas de Brasil son relativamente nuevos: una economía en proceso de recesión, una tasa de inflación en ascenso, sumado con una caída de la actividad industrial y un concomitante aumento del desempleo. Pero un conjunto de otros problemas se vienen arrastrando desde hace bastante tiempo. Solamente por mencionar los más importantes: La crisis energética, la crisis del agua, la falta de inversión en infraestructura productiva, la reprimarización de la economía, el deterioro de los servicios públicos, el soborno electoral, la corrupción endémica de políticos, empresarios y gestores públicos.
Con el propósito de enfrentar estas diversas crisis y “apaciguar a los mercados”, la presidenta Rousseff nominó como su Ministro de Hacienda a Joaquim Levy, un economista formado en la Universidad de Chicago, es decir, alguien que tiene en su ADN el recetario neoliberal difundido por Milton Friedman y la Escuela de Chicago para los cinco continentes. Siendo fiel a su formación, el Ministro Levy anunció un paquete de medidas que representan todo lo contrario de lo la presidenta electa prometió en su programa de campaña. Ante el estupor de sus electores, el actual ministro comunicó la “nueva” política de ajuste fiscal que aplicaría el ejecutivo: aumento de impuestos, incluido el retorno de un tributo especial para los combustibles y del impuesto sobre las operaciones financieras (IOF), recorte de gastos en educación, salud y vivienda, mayores restricciones en beneficios como el seguro desempleo, el auxilio a enfermedades, la restricción de las pensiones por muerte o la reducción de los subsidios en los prestamos realizados por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
Esta serie de políticas anunciadas por la autoridad económica tuvo entre sus primeras consecuencias el “merito” de provocar la unidad de fuerzas insospechadas en la historia reciente, la alianza entre los representantes del capital y del trabajo. En efecto, tanto los dirigentes de las industrias (FIESP) que se quejan por el aumento de los tributos, como los líderes de la clase trabajadora (CUT, Fuerza Sindical), que denuncian el fin de muchas conquistas laborales, ya señalaron públicamente su intención de aunar esfuerzos para combatir las medidas informadas por el Ministro Levy. El propósito de este frente común en que están embarcados empresarios y sindicalistas es presionar al Congreso para que no apruebe los ajustes e impugne las Medidas Provisorias (MP’s 664 y 665) propuestas por el Ejecutivo, que alteran las reglas del beneficio, abono salarial, auxilio desempleo, pensión por fallecimiento, auxilio enfermedad y auxilio reclusión.
En principio son inexplicables los motivos que tuvo la presidenta Rousseff para aceptar este conjunto de acciones que van a contrapelo de sus promesas de campaña y de las expectativas de sus electores, que implican una serie de cortes en los gastos sociales y la restricción de derechos laborales y previsionales de los trabajadores, aunque sus asesores y portavoces insisten en aclarar que estas medidas antipopulares eran inevitables para reconducir al país a un nuevo ciclo de crecimiento y equilibrio fiscal. Contrariando también a los partidos y políticos que constituyen la base del gobierno -en un sistema llamado presidencialismo de coalición- la presidenta ha sufrido seguidos reveses en el Congreso Nacional que es presidido tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado por dos miembros del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal conglomerado de la base aliada, cuyos representantes han vetado relevantes proyectos enviados por el ejecutivo para su aprobación, como la eliminación de las trabas que permitirían un aumento de los impuestos o la disminución del techo del superávit primario de R$ 66,3 billones para este año.
Mientras tanto, el descontento y malestar casi generalizado con el alza de los impuestos, los aumentos de tarifas y los cortes de gastos ya se ha instalado en el país. Un levantamiento divulgado esta semana por el Instituto Datafolha muestra que la popularidad de la Presidenta Dilma ha bajado considerablemente. Los que juzgan su gestión como óptima o buena suman un escaso 13 por ciento. Este porcentaje implica una caída significativa con relación a fines de 2014, cuando la presidenta poseía un 42 por ciento de apoyo de la ciudadanía. Los que consideran su administración mala o pésima representan un 62 por ciento. Si a ellos se agrega el 24 por ciento que considera a su gobierno como regular, la cifra de insatisfacción asciende al 86 por ciento de los consultados. Además, en una encuesta anterior, el 77 de los entrevistados pensaba que la presidenta estaba en conocimiento de los fraudes sucedidos en la Petrobras y un 60 por ciento de ellos consideraba que Rousseff mintió durante la campaña electoral del año pasado.
Estimulados por la baja popularidad y por la acumulación de los problemas apuntados previamente, algunos grupos opositores han organizados panelaços y protestas en las principales ciudades, en los cuales ha surgido el slogan de “Fuera Dilma”, exigiendo que la mandataria sea objeto de un impeachment por parte del Congreso, tal como sucediera en septiembre del año 1992 con Fernando Collor de Mello. Como ha sido señalado por diversos juristas y cientistas políticos, las posibilidades de que una solicitud de que una inhabilitación tenga éxito en el Congreso son bastante remotas. Primero porque la presidenta no ha realizado ningún tipo de acto de corrupción fragrante que justifique su enjuiciamiento por parte del Congreso o por el Supremo Tribunal Federal (STF).
En segundo lugar, porque no existen las fuerzas políticas necesarias para promover dicha acción de derrocamiento institucional, como fue el caso de José Manuel Zelaya en Honduras o de Fernando Lugo en Paraguay. En tercer lugar, porque los movimientos sociales más importantes de Brasil continúan apoyando al gobierno, pese a todas las críticas que puedan hacer a su gestión, especialmente al nombramiento de un ministro cuya palabra de orden es “austeridad” y recorte de gastos.
Para cualquier observador desavisado la situación brasileña es confusa e incomprensible. Como muestra basta observar lo que ha sucedido en las últimas semanas. En efecto, empero no concordar con la política económica implementada desde comienzos de este año, sindicatos de trabajadores, movimientos y sectores sociales han llamado a manifestarse en favor del gobierno, de la estatal Petrobras y de la democracia. Contraria y paradojalmente, aquellos electores que votaron por Aécio Neves, cuya plataforma de gobierno incluía la aplicación de un programa de ajuste como el que está siendo implementado ahora, han salido a la calle a pedir la salida del gobierno, entre otros motivos, por la carestía de la vida y por la irritante corrupción revelada a cada momento.
Sin embargo, no solamente la Petrobras ha sido objeto de malversación de los recursos públicos, pues la corrupción y el tráfico de influencias es transversal a todos los partidos y, tal como advierten la mayoría de especialistas, ella es parte del gen institucional de Brasil desde la época de las capitanías hereditarias con su marca patrimonialista en la conformación del Estado. En definitiva, el patrimonialismo representa nada más que la superposición del interés privado en los asuntos públicos, es una modalidad casi que atávica de privatización de los bienes públicos y su correspondiente apropiación por individuos, grupos o corporaciones privadas.
El escándalo de la Petrobras ha alcanzado a prácticamente todos los partidos y la clase política en su conjunto, por eso se torna evidente y notoriamente oportunista acusar solo al Partido de los Trabajadores de ser parte de los arreglos con las empresas para recaudar los fondos destinados al financiamiento de las campañas de sus candidatos. No existe referente político que no realice este tipo de acuerdo con el capital privado. Este es uno de los temas principales que ha sido planteado como base de argumentación para efectuar urgentemente la reforma política: que sea el Estado aquel organismo que financie las campañas partidarias a partir de un fondo a ser distribuido proporcionalmente entre todos los partidos y coaliciones con mayor representación nacional.
Al contrario de lo recomendado por sus partidarios más fieles e incondicionales, el actual gobierno parece haber sido acometido por una crisis de pánico y no ha tomado ninguna iniciativa relevante para cambiar este cuadro negativo. Una que otra reforma ministerial de carácter cosmético no va a convencer ni a quienes están decepcionados del “viraje” hacia la derecha del gobierno ni a quienes adhieren resueltamente a las filas de la oposición, atribuyendo todos los males de Brasil a estos últimos 12 años de administración de la coalición liderada por el Partido de los Trabajadores. El gobierno se encuentra acorralado en medio a una sociedad que está dispuesta a movilizarse para defender sus conquistas históricas o sus privilegios, negocios y utilidades.
Ya han transcurrido prácticamente cinco siglos desde que Nicolás Maquiavelo nos advierte en el capítulo III de El Príncipe que un gobierno que no se preocupa del futuro está condenado al fracaso, pues reconociendo los males que caen sobre él, como cualquier persona o entidad prudente, es posible aliviar éstos. Pero si por falta de previdencia los dejan crecer al punto de tornarse visibles a los ojos de todos, dichos males no tendrán más remedio. Por la parálisis política que afecta al gobierno de Rousseff, el consejo del pensador florentino parece haber sido escrito en estos días. La pregunta que flota en el aire es como podrá sobrellevar y superar esta turbulencia un gobierno que está recién comenzado su segundo mandato. Con una política de conciliación y dialogo con la oposición o con una postura más agresiva que recoja el mandato que el pueblo le ha otorgado para retomar la política de protección social y de consolidación de los derechos laborales. Por el gabinete y la agenda que se viene diseñando, parece que la primera alternativa es más probable. En todo caso, quizás si la única certeza que existe en este mar de dilemas y contradicciones, es que se siguen avizorando oscuros nubarrones en el horizonte de este país inescrutable.


Fernando de la Cuadra es Doctor en Ciencias Sociales. Editor del Blog Socialismo y Democracia.

Correa denuncia estrategia internacional de desgaste y agresión

Técnicas de desgaste denuncia presidente Correa

Técnicas de desgaste denuncia presidente Correa

Credito: Archivo

Marzo 21 de 2015.- El presidente Rafael Correa denunció este jueves “una estrategia concertada internacionalmente” para desgastar a los gobiernos de izquierda al tiempo que culpó de actos de violencia, incluso contra él mismo, a opositores que participaron en marchas a las que consideró como “un fracaso total”.

En una entrevista desde la ciudad de Riobamba (centro andino), el mandatario se refirió a protestas realizadas la tarde y noche del jueves que dijo hacen parte de una estrategia “de desgaste, de demostración de fuerza, estrategia concertada internacionalmente”.

“¿Cree que es casualidad que lo mismo le ocurra a Dilma (Rousseff en Brasil), a (Nicolás) Maduro (en Venezuela), le ocurría a Evo (Morales en Bolivia) hasta que arrasó en las elecciones, le ocurre a Cristina (Fernández en Argentina), le ocurre incluso a Michelle Bachelet (en Chile)? Todos gobiernos de izquierda. ¿A qué gobierno de derecha le ocurre esto?”, señaló el presidente.

“Es una estrategia no de reivindicaciones sino de desgaste, lo que no lograron en las urnas lo tratan de lograr con demostraciones de fuerza”, afirmó.

Sobre las protestas organizadas por grupos sindicales, indígenas, estudiantiles, entre otros, dijo que han sido “un fracaso total”. “Las estimaciones son que en la marcha opositora (en Quito) participaron unas 4.500 personas, menos que en (una marcha pasada en) noviembre. La estrategia es acumular fuerza y lo que están es ‘desacumulando’”, expresó Correa.

Las marchas opositoras realizadas en varias ciudades del país -y que solo en Quito dejaron seis policías heridos y dos detenidos, según un balance preliminar- enarbolaron banderas contra variados temas desde la oposición a la reelección indefinida que está siendo discutida en la Asamblea Nacional, rechazo a reformas laborales, a la aplicación de salvaguardias arancelarias a una parte de las importaciones, contra la Ley de Tierras y de Aguas, entre otros.

El presidente denunció que tras la inauguración de un centro de salud en Riobamba y mientras recorría las calles de esa ciudad junto a sus simpatizantes en una caravana motorizada fueron víctimas de agresiones por parte los opositores.

“Hicimos una caravana, una marcha festiva con niños, mujeres, sacerdotes, familias enteras, íbamos cantando (…) y de repente vemos que viene una turba con piedras con botellas y eran esta gente, los tirapiedras, que habían acabado su plantón o marcha (…) y se abalanzan contra nuestra marcha y empiezan a tirar piedras”, indicó el mandatario.

Dijo que los opositores agredieron a un ciudadano de 39 años, que tuvo un rotura (no especificada), a policías e “intentaron agredir al Presidente de la República”.

“Hablan de democracia, de paz, de no criminalización de la protesta social y los violentos son ellos”, finalizó.

Liga Árabe condena injerencia extranjera en asuntos internos en cualquier país soberano.

Liga Árabe condena injerencia Imperial

Liga Árabe condena injerencia Imperial

Credito: Prensa MPPRE

Marzo 20 de 2015.- “La Liga Árabe condena cualquier injerencia extranjera en los asuntos internos en cualquier país soberano y toda violación a los principios del derecho internacional”, así lo manifestó el Director de las Américas de la Liga de Estados Árabe, Ibrahim Mohieldine, durante un encuentro una reunión con el Viceministro para África, Reinaldo Bolívar.

Durante el encuentro realizado en la sede de la Liga Árabe, ubicada en la República Árabe de Egipto, ambos funcionarios intercambiaron opiniones sobre temas de interés común del acontecer internacional.

El Viceministro Reinaldo Bolívar se explicó la realidad de la situación por la que atraviesa Venezuela motivada por la guerra económica, orquestada por la derecha y al frustrado golpe de Estado que pretendían perpetrar los sectores más reaccionarios y antidemocráticos la derecha venezolana, así como a las sanciones ilegales y la más reciente declaratoria del gobierno estadounidense, que señala a nuestro país como una "amenaza" para la Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Venezuela es miembro observador de Liga Árabe desde 2006. Este organismo que agrupa a países de África y de Asia en marzo de 1945 y es el más influyente de la subregión.

El Vicecanciller para África se encuentra en Egipto realizando una visita de trabajo a la nación africana, durante la cual también, sostuvo un encuentro con su homólogo egipcio, Farid Mounib, con quien conversó asuntos de interés bilateral.

Coincidieron en el interés de potenciar las relaciones económicas entre ambos pueblos para lo cual propusieron celebrar este año la II Comisión Mixta Venezuela-Egipto.

La agenda de actividades del Viceministro en Egipto incluyó la colocación de ofrendas florales ante la estatua del Libertador Simón Bolívar, ubicada cerca de la plaza Tahir, y ante el busto del Comandante Eterno Hugo Chávez, que se encuentra en el parque Horriya, en El Cairo.

Egipto es un país de África del Norte. Venezuela y establecieron relaciones diplomáticas el 15 de noviembre de 1950.

Obama se quitó la careta

Al final del carnaval, Barak Obama se sacó la careta de Nobel de la Paz, y como presidente de Estados Unidos dio una orden ejecutiva -sin necesidad de pasar por el Congreso- para declarar como “emergencia nacional” a Venezuela por su “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” de EE.UU. No creo que ningún estadounidense se haya sentido o se sienta amenazado por Venezuela. Lo que no ha cambiado, son las apetencias de Washington por adueñarse del petróleo venezolano.
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) rechazó las sanciones -a las que calificó como amenaza injerencista a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados- y solicitó a EE.UU. derogar el decreto donde se cataloga a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad. Los cancilleres, reunidos en Quito, también pidieron a EE.UU. resolver sus diferencias con Venezuela mediante el diálogo, y no con la imposición de sanciones que violan todo derecho internacional.
Si bien no hay duda de la agresividad imperialista, sí la hay respecto de sus capacidades para llevarla adelante. Su preocupación mayor quizá sea la germinación de las semillas que sembró Hugo Chávez, no solo en América Latina. La provocación de Obama se trata de una escalada de guerra sicológica y una preparación para un mayor intervencionismo. Los estrategas estadounidenses quieren descarrilar los gobiernos progresistas en la región. Apoyan e incitan la desestabilización en Argentina y Brasil, preocupados por los abruptos cambios incluso en Europa (Grecia y España, principalmente), con movimientos promovidos por el pensamiento y acción del líder bolivariano.
En lugar de una invasión inmediata a Venezuela, seguramente EE.UU. persistirá con la guerra económica, el terrorismo mediático, el acoso político, la acción militar limitada a partir de comandos paramilitares enviados desde Colombia, y el debilitamiento de la unidad en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). “Están buscando muertos y sangre para desestabilizar a Venezuela”, señaló el presidente Nicolás Maduro.
Pero además, lo que busca EE.UU. es debilitar los organismos de integración en los que Venezuela tiene mayor influencia, como Alba, Petrocaribe, Mercosur, y de allí en adelante, Unasur y Celac, y destruir el Banco del Sur. Asimismo, tensionar a la diplomacia y los medios contra Venezuela, poner a prueba la solidaridad regional, y facilitar las acciones violentas dentro del país, para estimular la desestabilización, el descontento y el caos.
Las intenciones estadounidenses parecen quedar en evidencia cuando el Nuevo Herald de Miami informa que Petróleos de Venezuela (PDVSA) quedó bajo la lupa de las autoridades financieras estadounidenses, luego de que el Departamento del Tesoro encontrara a la empresa estatal venezolana inmersa en una gran operación de lavado de dinero, dictamen que podría tener graves repercusiones en las futuras operaciones del principal pilar económico del país sudamericano.
Por el estado de emergencia, Obama obtiene poderes excepcionales que le permiten, por ejemplo, imponer sanciones o congelar ciertos bienes (¿tendrá en la mira a la petrolera Citgo, de capitales venezolanos?).
Obama no fue nada original: repitió el verso que sus antecesores y él usaron para invadir tantos países: sin siquiera ruborizarse, dijo estar “comprometido en hacer avanzar el respeto por los derechos humanos”, aun cuando su país jamás firmó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, e impuso la tortura aberrante en Abu Ghraib y en Guantánamo. Es el mismo país que reconoció que mintió sobre las armas de destrucción masiva en Iraq (no las hubo hasta que llegaron sus tropas) y el acusado de armar ejércitos fundamentalistas para desestabilizar regiones; es donde rige la impunidad policial para asesinar jóvenes negros.
La contraofensiva de EE.UU. y la derecha latinoamericana insiste en desacreditar gobiernos legítimamente electos para derrocarlos de una u otra forma. Es a esto lo que la nueva terminología de la derecha llama “transición”, lo que ha terminado en golpes burdos en Paraguay y Honduras, y en operaciones más sofisticadas, con importante apoyo mediático, que inducen movilizaciones supuestamente no partidistas, como está haciéndose ahora en Argentina y Brasil.
En Venezuela aquellas primeras campañas mediáticas de inicios de milenio instigaron movilizaciones “apolíticas” y culminaron en un cruento golpe de Estado. Luego, tras la elección de Nicolás Maduro, reprodujeron el esquema suponiendo que sin Chávez eso podía resultar… pero no lograron derrocar al gobierno.
Venezuela va a elecciones legislativas antes de fin de año, con una derecha fragmentada que ahora se envalentona en su obstinación golpista, y que busca un relevo constitucional. Si la oposición ganase, podría convocar a un referéndum para revocar el mandato presidencial. Lo que falta por saber es si el chavismo irá unido.
UN ATAQUE A LA REGION
Con esta medida, Obama se quita la careta y desnuda a su país como potencia intervencionista en vísperas de la Cumbre de las Américas, en abril, en Panamá, donde el proceso de normalización de relaciones con Cuba ofrecía una notable oportunidad de reacercamiento con América Latina.
En realidad, las amenazas de Obama no son solo contra Venezuela, sino sobre todo contra América Latina. De las acciones injerencistas de todo tipo, pasó ahora a hechos más concretos. El salto cualitativo es evidente: de la repetición de comunicados y declaraciones de funcionarios de primera y segunda línea, se pasa a un decreto firmado por el mismísimo Obama.
El presidente Nicolás Maduro dijo que Obama “eligió su camino” contra Venezuela y aseguró que Obama asumió la desestabilización directamente en sus manos por el fracaso de varios intentos anteriores para terminar con su gobierno, entre los que contabilizó el portazo opositor en la designación de autoridades de poderes públicos, en noviembre del año pasado, hasta el intento golpista con aviones militares que -insistió- pretendía llevarse a cabo en la segunda semana de febrero de este año.
Los argumentos ofrecidos ofenden la sensibilidad y la inteligencia de millones de latinoamericanos y abochorna a millares de ciudadanos pensantes en Estados Unidos, señala el escritor y académico panameño Nils Castro. De nada vale la mojigata explicación de que con tal iniciativa se cumple un requisito legal norteamericano. No por eso deja de ser una torpeza que vuelve a dejar mal parado al presidente Obama, también ante sus asociados europeos, que rápidamente se han distanciado de ese discurso y sus inevitables consecuencias, añade.
“El imperio se está afincando para tratar de destruir el mal ejemplo que constituye Venezuela, porque hemos resistido durante 16 años todo tipo de amenazas y de acción”, aseveró Roy Chaderton, embajador venezolano ante la OEA. El chileno José Miguel Insulza, saliente secretario general de la OEA, afirmó que el consejo permanente del organismo debe analizar el conflicto entre EE.UU. y Venezuela y “ojalá pueda hacerlo con un espíritu constructivo”. Un saludo a la bandera.
El gobierno cubano se preguntó cómo amenaza Venezuela a EE.UU., a miles de kilómetros de distancia, sin armas estratégicas y sin emplear recursos ni funcionarios para conspirar contra el orden constitucional estadounidense. La declaración de Obama suena poco creíble y desnuda los fines de quienes la hacen, reza el comunicado cubano. Y resalta que nadie tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de un Estado soberano ni a declararlo, sin fundamento alguno, como “amenaza” a su seguridad nacional.
Incluso la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) señaló que “Venezuela no es una amenaza para ningún país. Son las políticas del actual gobierno venezolano las que amenazan y coartan el derecho de nuestros ciudadanos a vivir y progresar en paz”. Mientras, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana pidió “cerrar filas ante la agresión” a Venezuela del gobierno de Estados Unidos, al que acusó de impulsar “desmesuradas acciones injerencistas e imperialistas”.
En años recientes, EE.UU. ha declarado estados de emergencia respecto a países como Ucrania, Sudán del Sur, República Centroafricana, Yemen, Libia o Somalia. La explicación de que se trata de un procedimiento “legal normal” ya usado con países como Irán, Siria o Birmania, entre otros, lleva a muchos a preguntarse qué paralelos pueden existir entre la situación venezolana y la de gobiernos que Washington consideró hostiles y hasta peligrosos para la paz mundial.
MILITARES Y FISCAL NO GRATOS
Obama incluyó en el anexo de su decreto de “bloqueo de la propiedad y suspensión de entrada de ciertas personas que contribuyen a la situación en Venezuela” a seis militares y una fiscal, Katherine Harringhton. La concentración del ataque de Obama contra los militares no es nueva: hace pocas semanas el blanco fue Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, a quien un ex integrante de la custodia del comandante Chávez acusó en el diario español ABC , de ser un “capo” del narcotráfico.
A algunos sorprendió el incremento repentino de la retórica agresiva contra Venezuela, justo después de la visita de los cancilleres de Unasur a Caracas para promover el acercamiento entre oposición y gobierno. Esa presencia regional significó una derrota política importante para la derecha golpista de Venezuela y para el conjunto de la oposición.
El mensaje fue claro, aunque la prensa hegemónica continental prefirió no difundirlo: Unasur no avalará ningún intento de interrumpir la democracia en Venezuela; todos los Estados, sin excepción, rechazarán cualquier intento de desestabilización del orden interno o externo que se presente en Venezuela; las elecciones parlamentarias (de septiembre) son el mejor medio para dirimir diferencias.
El malestar de los dirigentes golpistas de la oposición venezolana puede explicar que EE.UU. se haya precipitado en este irrespeto a la soberanía venezolana. Parece que les cuesta entender que ya no existe el patio trasero. Se les acaba la paciencia tras esperar casi 16 años que se termine por las buenas (las urnas) o por las malas, este proceso bolivariano. Quizá esté cansado de tanta frustración (y recursos desperdiciados) ante un pueblo que sigue sosteniendo mayoritariamente al gobierno democrático y popular. 
¿UN PROBLEMA DE PACIENCIA?
Lo cierto es que si bien no existen las condiciones objetivas ni subjetivas para una invasión a Venezuela, EE.UU. está creando las condiciones a la espera de una favorable correlación de fuerzas en América Latina y el Caribe, y de un grado de conflictividad social que pueda crearse en Venezuela, resultado de la intensa campaña internacional de terrorismo mediático y, sobre todo, de que las fuerzas sociales y políticas que apoyan la revolución bolivariana sigan unidas.
La intervención armada en la actualidad puede ser de otro tipo, como un bloqueo naval con barcos estadounidenses y no permitir la salida de petróleo venezolano durante algunos meses, lo que fortalecería el golpe económico que se ha venido intentando y, complementada con acciones directas opositoras en lo interno y con paramilitares desde Colombia que podrían provocar una guerra civil. Así, se tendría la excusa para invadir.
El bloqueo a Cuba no se termina y ya se estaría iniciando un nuevo bloqueo a otro país latinoamericano. Por medio de su declaración sobre Venezuela, Obama parece crear condiciones para justificar el uso de fondos públicos estadounidenses para financiar grupos mercenario-terroristas y sus acciones contra objetivos civiles y militares en Venezuela, justificadas en la “responsabilidad de proteger” a supuestos estudiantes y dirigentes opositores que los medios internacionales dicen “son víctimas de la más cruel dictadura”, plan para el cual Washington viene invirtiendo fondos presupuestales en los dos últimos años, sin lograr éxito.
Quizá la transición geopolítica hacia un mundo multipolar incomoda excesivamente al gobierno de EE.UU., sobre todo después de la cumbre Celac-China. Washington no encuentra cómo recuperar su hegemonía unipolar, que comenzara a perder cuando Venezuela inició, a principios de este milenio de la mano de Hugo Chávez, el camino de la integración y la unidad latinoamericano-caribeña. Hugo Chávez ganó cuatro veces consecutivas la disputa presidencial y Nicolás Maduro una.
En Argentina, Néstor y Cristina Kirchner vencieron también en tres ocasiones sucesivas; en Brasil, Lula da Silva ganó dos veces y Dilma Rousseff otras dos; en Bolivia, Evo Morales venció tres veces; en Ecuador, Rafael Correa también logró tres victorias ininterrumpidas; en Uruguay, el Frente Amplio (con Tabaré Vázquez y Pepe Mujica) ganó tres. La oposición en la región sólo ha logrado cambiar de signo político mediante golpes antidemocráticos, tanto en Honduras como en Paraguay. Hasta el momento nunca por la vía electoral.
En Venezuela, ni la muerte de Chávez, ni los dos años complejos en lo económico, ni la caída de los precios del petróleo, ni los intentos de desestabilización mediante las guarimbas con sus muertes, han permitido cambiar el gobierno que hasta el momento es apoyado por la mayoría venezolana cada vez que se acude a una cita electoral. Este es un año de elecciones parlamentarias en Venezuela, y el año próximo se podría convocar a un acto revocatorio. Estados Unidos parece haber tirado la toalla de la vía electoral como lo hizo en 2002 cuando apoyó el golpe contra Hugo Chávez.
Torpeza absoluta si supieran desde el Norte que cada vez que el enemigo de afuera saca sus garras, adentro, en Venezuela, la mayoría social se vuelve a unir, sin fisuras, priorizando esta unión frente a cualquier debate que pueda surgir en relación a los nuevos desafíos internos. Para desesperación de la Casa Blanca, según últimas encuestas realizadas por firmas como Hinterlaces e ICS, el 92% de los venezolanos están en contra del intervencionismo de EE.UU. 

Revista Punto Final
 

sábado, 21 de marzo de 2015

¿Qué significa que EEUU declare a Venezuela una amenaza a su seguridad nacional y política exterior?

¿Qué significa que EEUU declare a Venezuela una amenaza a su seguridad nacional y política exterior?

En este artículo: Barack Obama, Estados Unidos, Venezuela
21 marzo 2015 | +
tuitazo venezuela1. “Emergencia nacional” en Estados Unidos.  El 9 de marzo de 2015, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, colocó su firma en una orden ejecutiva que declara a su país en “emergencia nacional”, al considerar que Venezuela constituye “una inusual y extraordinaria amenaza a la Seguridad Nacional y a la política exterior de los Estados Unidos”. Otros de los argumentos esgrimidos en la orden de Obama es “la erosión de las garantías de los Derechos Humanos por parte del gobierno de Venezuela, la persecución a políticos de oposición, las restricciones a la libertad de prensa, el uso de violencia y violación de los derechos humanos y el abuso como respuesta a protestas antigubernamentales, con arrestos arbitrarios y detención de manifestantes contrarios al gobierno, así como la exacerbada presencia de corrupción”.
2. Una categoría legal. La declaración de emergencia nacional por “inusual y extraordinaria amenaza” es una categoría legal contenida en el título 50/capítulo 35 dedicada a Poderes Económicos de Emergencia Internacional. Luego de que un país es declarado amenaza a la Seguridad Nacional, se activan las atribuciones legales al presidente de Estados Unidos que se estipulan en la sección 1702.
La sección 1701 dice, textualmente: “cualquier autoridad otorgada al presidente por la sección 1702 de este título puede ser ejercida para enfrentar cualquier amenaza inusual y extraordinaria, que tiene su fuente totalmente o una parte sustancial, fuera de Estados Unidos, para la seguridad nacional, la política exterior, o economía de Estados Unidos, si el presidente declara emergencia con respecto a tal amenaza”.
La declaración de una “emergencia nacional” permite a Estados Unidos aplicar sanciones contra un personas o un país, con base en determinadas circunstancias, más allá de lo aprobado por el Congreso. En especial la Ley de Emergencia Internacional de Poderes Económicos y la Ley de Emergencia permite al Presidente establecer restricciones y prohibiciones comerciales, financieras e incluso, en caso que se considere que un país ha atacado a Estados Unidos o es hostil, se puede llegar a la confiscación de los activos que se encuentren en jurisdicción estadounidense.
3. ¿Cuáles países han sido declarados “amenaza para la Seguridad Nacional” ?
En años recientes, Estados Unidos ha calificado como “amenaza para la Seguridad Nacional” a los siguientes países: Irán, Birmania, Sudán, Rusia, Zimbabue, Siria, Bielorrusia y Corea del Norte.
Históricamente, esta legislación ha sido utilzada contra Irak por invadir a Kuwait en 1990, contra Afganistán a causa del control Talibán de ese país entre 1999 y 2002, contra Liberia y Sierra Leona entre 2001 y 2004 por violación a los Derechos Humanos, Libia entre 1986 y 2004 por ser calificado como patrocinante del terrorismo, Suráfrica durante el apertheid, la entonces República Federal Yugoslava entre 1992 y 2003 por respaldar grupos nacionalistas serbios y contra la organización UNITA en Angola, conocida por traficar diamantes para financiar una lucha armada. En Latinoamérica existe el precedente de Nicaragua entre 1985 y 1990, cuando el gobierno estadounidense autorizó un embargo económico en contra del gobierno Daniel Ortega, además de Haití entre 1991 y 1994, cuando el gobierno de Bill Clinton se enfrentó al gobierno militar de Raoul Cédras que obtuvo el poder luego de derrocar a Jean-Bertrand Aristide; y el caso concreto de Panamá, en 1988, que terminó con la invasión de tropas estadounidenses para detener al presidente Manuel Noriega.
La Ley de Emergencia Internacional de Poderes Económicos permite al Presidente únicamente restricciones económicas, así que en aquellos escenarios en los cuales ha habido intervención militar, ha sido necesario llevar a cabo otros pasos legal y un proceso diferente.
4Bloqueo de bienes y prohibición de entrada al país. Una de las decisiones tomadas para enfrentar esa “amenaza a la Seguridad Nacional” ha sido aumentar los sancionados por la Ley de para la Defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil en Venezuela, emitida en de 2014. De esta forma ha bloqueado los bienes y prohibido la entrada a Estados Unidos a 7 funcionarios venezolanos, y además, “cualquier persona responsable por, o en complicidad en, responsable por ordenar, controlar o dirigir, o haber participado en, directa o indirectamente” en “acciones o políticas que minen el proceso democrático o las instituciones, actos significativos de violencia o conductas que constituyan un abuso serio o violación a los Derechos Humanos […], acciones que prohíban, limiten, o penalicen el ejercicio de la libertad de expresión o el derecho de asamblea pública, actos de corrupción pública por oficiales dentro del gobierno de Venezuela.

Forzar en Suramérica un cambio de ciclo… ¿Qué busca Obama al agredir a Venezuela?

Editorial #4 - 17/03/2015
La declaración de Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos por parte del Sr. Obama, desnuda una política continental del imperialismo norteamericano para recuperar el control sobre lo que consideran su “patio trasero”.
Hechos que se presentaban aislados hasta el momento, como por ejemplo, las reuniones que se llevan adelante en La Habana por la Paz en Colombia entre las FARC y el gobierno de Santos, o el avance de negociaciones hechas públicas recientemente, para la eliminación del bloqueo a Cuba, serían la cara amable de la misma política integral hacia la región, cuya cara más abiertamente injerencista es la de las amenazas a la Venezuela Bolivariana y al gobierno del Presidente Maduro.
La reunión CELAC–China realizada en Beijín en enero de este año, que dio como resultado la aprobación de un Plan Quinquenal de inversiones chinas de características neo coloniales; sobre todo, la irrupción de Syriza como punta de lanza de un fenómeno social y político europeo de rechazo masivo a la austeridad neoliberal que impulsa la Troika de la que hace parte Estados Unidos a través del FMI; y la amenaza que representa Podemos para el régimen del ’78 en España, 4ta. Economía de la Zona Euro y miembro esencial de la OTAN para el Mediterráneo, son los hechos recientes que, aparentemente, aceleraron este rumbo de injerencia.
Sin embargo, otros dos hechos de características de fin de ciclo sucedieron en 2013 y significaron una alerta para las clases dominantes en nuestra región y, suponemos, para sus amos de Washington. En junio de aquel año las impactantes y multitudinarias movilizaciones en Brasil abrieron un periodo de luchas que continúa y que debilitó la capacidad de control social del PT sobre el pueblo trabajador de la sexta economía mundial, contagiando el “movimiento de indignación” que había comenzado a recorrer el sur de Europa, al país más poderoso de nuestro continente.
Mientras que, por otra parte, en marzo de 2013, el fallecimiento del Comandante Chávez abrió un periodo de incertidumbre, inestabilidad política y contrarreformas económicas exigidas por la burguesía venezolana y en algunos casos cedidas por el gobierno del presidente Nicolás Maduro, debilitando la base social del Proceso Bolivariano e impactando también sobre la región.
Todo esto sucede en el 8º año de desarrollo continuo de la crisis mundial más prolongada y profunda del capitalismo en el último siglo.
Es en este marco que hay que entender el alcance, los objetivos y las tácticas de esta contraofensiva gringa. Sólo así podremos responder con precisión y contundencia a la política de Obama y sus aliados regionales. Saber qué es lo que está en juego y por qué Venezuela es el “enemigo declarado”, elegido por el gobierno de Obama, es fundamental para enfrentar lo que podría ser una nueva coyuntura continental. 
 
1.- Una década de ciclo no - neoliberal
El avance neoliberal de la década de los 90 que en más o en menos recorrió el conjunto de América latina, encontró un potente freno en un proceso de rebelión masivo y extendido a nivel regional.
Ecuador, Bolivia, Argentina, para señalar algunos de los países más convulsionados de ese periodo, como Venezuela desde antes, fueron sacudidos por una rebeldía masiva que tumbó gobierno, tras gobierno, hasta demoler prácticamente los regímenes políticos que intentaron aplicar el conjunto de las recetas del FMI.
Cuando en agosto de 2004 el comandante Chávez volvió a derrotar a la oposición, esta vez en el Referendo Revocatorio, derrotó al mismo tiempo las ilusiones de la vieja oligarquía local y de Estados Unidos de desalojarlo del gobierno por el momento. Lo habían intentado con el golpe de abril de 2002, con el paro patronal, con el sabotaje petrolero y con el revocatorio. Fracasaron.
Pero no se trató solamente de la consolidación del Proceso Bolivariano y del gobierno Chávez en Venezuela. Fue al mismo tiempo un nuevo paso en un ciclo en el conjunto de Suramérica. Un ciclo que montado en una potente rebelión de masas buscaba abrirse paso desde inicios de la década de los ’90 del siglo pasado, pero que en 2005, con el rechazo al ALCA, impulsado por Venezuela desde el año 2000, y que era acompañado en Mar del Plata por Brasil, Argentina y Uruguay, chocó con la política central del gobierno Bush y encontró un nuevo piso antinorteamericano en el continente. Este ciclo político empalmó con un momento extraordinario de precios de las materias primas a nivel mundial que parecería haber llegado a su fin.
Más allá de las diferencias de país a país, en los procesos de avances sociales y políticos y entre los propios gobiernos, el rechazo al ALCA fue una amalgama entre el ideario de la Agenda Bolivariana de Chávez, de Segunda Independencia continental, y la vocación de búsqueda de hegemonía en la región de la burguesía brasilera, que intentó con el PT y con Lula, una herramienta de disciplinamiento social en su país, para lanzarse a la conquista de esa hegemonía.
Esta amalgama tenía una hoja de ruta que no pudo desarrollarse plenamente, pero era distinta del neoliberalismo de los tempranos ‘90. En el terreno económico arrancaba justamente del rechazo al ALCA, la construcción del Banco de Sur, y la instalación del SUCRE como moneda alternativa al dólar para el comercio interregional, entre otras medidas.  Algunas de ellas se implementaron, otras lamentablemente quedaron engavetadas por las vacilaciones de gobiernos que respondían más a los intereses de sus propias burguesías.
Por otra parte, desde el punto de vista político y de la integración suramericana, la construcción de instancias superadoras de la OEA, como UNASUR. Un proyecto que frente a la agresión de Obama está mostrando sus debilidades estructurales. Debilidades que se acentuaron luego de la muerte de Chávez.
Los gobiernos surgidos de este mar de fondo que recorrió América latina a finales del siglo pasado, no fueron todos iguales. Por el contrario, excepto el de Chávez y el de Evo Morales y quizás el de Correa, el resto no intentó una salida de relativa independencia nacional y en distinto grado mantuvo su relación de dependencia o semidependencia. Y con roces con Estados Unidos, comenzaron a abrirle las puertas a la penetración del emergente coloso chino. Estos gobiernos, excepto los que se reivindican bolivarianos, se escudaban más en un discurso o “relato” de tono supuestamente “progresista” que en una política concreta de soberanía y unidad latinoamericana.
Sin embargo sería un grave error de enfoque no entender que detrás de las amenazas a la Venezuela Bolivariana, la ofensiva norteamericana es sobre toda la región, y tiene un objetivo fundamental: recuperar la dominación plena, que, en más o en menos, fue cuestionada en esta década.  Sobre todo en una situación económica regional montada en la caída de los precios de las materias primas y el petróleo, que, como parte de la crisis mundial, da la impresión de haber llegado para quedarse por un tiempo prolongado.
La política yanqui busca la instalación de gobiernos más confiables, sólidos y menos desgastados, para cumplir las tareas que les encomiende el gran capital y frenar o enfrentar las luchas sociales que esta nueva etapa abrirá como ya adelantó el “junio” de 2013 brasilero.
En segundo lugar, pero no por eso menos importante, intentan frenar el rápido, extendido y profundo avance de la penetración China en el continente. Sin olvidar que intentará amortiguar el impacto que podría tener en los más de 50 millones de latinos, que viven en Estados Unidos, una situación de estallido al Sur del Río Grande.  
2.- Una política fruto de la debilidad y la crisis
Más allá de los anuncios de recuperación económica por parte de las autoridades gringas, por tercer año consecutivo el gobierno estadounidense se balancea al borde del pedido de ampliación de la capacidad de endeudamiento fiscal como manera de sostener “abierta” las labores de la administración central. Al tiempo que su supuesta recuperación no alcanzaría todavía para llegar a algunos indicadores fundamentales de superación de la crisis que estalló en 2007.
Paul Craig Roberts, ex adjunto del Secretario del Tesoro durante el gobierno Reagan, escribía a principios de marzo:
“De acuerdo con el cuento de hadas económico oficial, la economía norteamericana ha estado recuperándose desde el mes de junio del 2009.
Este cuento de hadas brinda apoyo a la imagen de Estados Unidos como un puerto seguro, imagen que sostiene al dólar y al mercado de valores en alza y a las tasas de interés hacia la baja. Se trata de una imagen que hace que enormes cantidades de norteamericanos desempleados se culpen a sí mismos y no a aquellos que manejan mal la economía.
Este cuento de hadas sobrevive a pesar del hecho de que no existe información económica que lo sustente.
El ingreso real familiar no ha experimentado crecimiento durante años y se encuentra por debajo de los niveles de la década del 70 del siglo pasado.
No ha habido crecimiento real en las ventas al detalle durante los últimos seis años.
¿Cómo hace una economía que depende del crecimiento de la demanda de los consumidores cuando el ingreso real del consumidor y las ventas al detalle no crecen?
No se debe a falta de inversiones empresariales. ¿Por qué invertir si no hay crecimiento en las ventas? La producción industrial con inflación reducida, permanece muy por debajo del nivel recesivo.
No se debe a la construcción. El valor real de la construcción total terminada bajó de manera aguda en el período 2006 hasta el 2011 y ha estado rebotando desde el nivel del 2011 durante los últimos tres años.
¿Cómo crece una economía cuando la fuerza laboral está disminuyendo? La tasa de participación de la fuerza laboral viene disminuyendo desde el año 2007 tanto como la proporción del empleo civil respecto a la población.
¿Cómo podría haber recuperación cuando nada se ha recuperado?”
Pero que Estados Unidos aún esté sumergido en la crisis abierta en 2007, no quiere decir que haya dejado de ser la potencia más poderosa y agresiva del planeta. Es justamente por esto, por su debilidad, y como una política para eliminar los efectos del rechazo del ALCA, para frenar a China, y para intentar que no se desmadre la relativa estabilidad política de la década. Por todo esto es que, aprovechando el desgaste y la clara intención de pactar de algunos de los gobiernos llamados progresistas, o las necesidades de otros, agobiados por largos años de crisis económica y aislamiento, el gobierno de Estados Unidos parece haber decidido una política con la que intenta retomar su control e influencia pasada en el continente.
3.- Las tácticas de Estados Unidos
El Profesor Luis Brito García hace un recuento de todos los pasos, tácticas o combinación de ellas que estaría dispuestos a emplear Estados Unidos en su escalada contra la República Bolivariana y el Legado del Comandante Chávez. Dice en su artículo Venezuela Amenaza (da): que las tácticas estadounidenses pueden variar desde las declaraciones injerencistas hasta la intervención militar, las maniobras diplomáticas y el manejo mediático para justificar sus políticas.
En ese artículo, recomendable para la lectura y el debate, aconseja dos propuestas. Una económica, y otra política. Ambas en sintonía con las que viene planteando Marea Socialista. Una de ellas es el monopolio estatal de la parte esencial del comercio exterior y la otra tiene que ver con el perfil de los candidatos que el chavismo debe presentar a las elecciones de Asamblea Nacional.
Aunque desde nuestro punto de vista las condiciones actuales de la realidad venezolana y continental hace muy poco probable una intervención bélica directa de Estados Unidos, es imprescindible que, en cualquier circunstancia, el gobierno avance en la  propuesta económica de Monopolio del Comercio exterior, para nosotros integral, que se sintetiza en la consigna ni un dólar más a la burguesía, así como en el reconocimiento de la necesidad de que nuestros candidatos a la Asamblea Nacional tengan una trayectoria intachable y no sean sospechosos de corrupción. Son propuestas correctas para elevar la moral del pueblo bolivariano, intentar resolver una crisis económica que mantiene angustiado y molesto al pueblo que vive de su trabajo y encaminarnos con posibilidades de éxito en la disputa electoral por la Asamblea.
También estamos convencidos de que la articulación de la ofensiva gringa, está centrada en todo tipo de chantaje económico, político y diplomático de injerencia flagrante contra nuestra soberanía y para eso nos tenemos que preparar. Sin embargo, estar desde ahora, como se está haciendo desde el gobierno venezolano, anunciando la intervención militar directa como inminente, debilita la preparación política de nuestro pueblo y no ayuda a que el movimiento de masas de Nuestra América, antinorteamericano hasta los tuétanos, entienda que debe prepararse para la defensa y profundización de los avances alcanzados en la década pasada, muchos de ellos conseguidos en lucha contra sus propios gobiernos, que en todo el territorio continental están siendo amenazados.
No se trata solamente de realizar ejercicios militares preventivos, que hay que realizar. Sino de preparar a la base social del proceso con las herramientas políticas para el debate nacional, para desplegar una movilización social contundente y ayudar a levantar una voluntad de solidaridad activa y movilizada, en la defensa de las conquistas obtenidas.
4.- Venezuela símbolo de la rebeldía
Una serie de circunstancias particulares explican la decisión de Estados Unidos de desarrollar esta política de recuperación de su preeminencia en América latina. El impulso de organismos, incluso vacilantes como CELAC o UNASUR, significaron un paso, al menos diplomático de reducir el poder de la OEA al suprimir la participación de Estados Unidos y Canadá en ellos.
El avance de los BRICS, del cual Brasil es uno de los animadores principales, también en la última década, con sus organismos multilaterales de crédito, con sus bancos, sus política de inversión y comercio en la región y otros, significaron en este periodo de crisis no resuelta, una amenaza para la ya deteriorada hegemonía mundial de Estados Unidos.
Sin embargo, para Estados Unidos en lo que hace a la recuperación de su status en nuestro continente, el verdadero símbolo de rebeldía, de contestación, de desobediencia irreverente, es el Proceso Bolivariano. Es el Proceso que más ha avanzado hacia una relativa independencia económica, el que ha dado más muestras de vocación de conquistar su soberanía política, y el que más ha hecho por instalar un avance en la justicia social en la distribución de su renta nacional.
El Proceso Bolivariano y el Legado del Comandante Chávez, son el símbolo a derrotar para que la inclinación a ceder a Estados Unidos de amplios sectores dominantes y sus gobiernos, en nuestro continente, se haga realidad.
A ello ayuda la actual coyuntura en Venezuela. Algunos de cuyos datos salientes son: a) El fallecimiento de Chávez y la apertura de una etapa de disputa por el control del país; b) La política de aplicación de contrarreformas a las conquistas del pueblo bolivariano llevada adelante por el gobierno del presidente Maduro; c) La crisis económica, que se agudiza con la caída abrupta de los precios del petróleo; y d) El malestar creciente hacia el gobierno de amplios sectores de base del chavismo.  
Por ello la presión sobre el Proceso y el gobierno Bolivariano no cederá. Hace parte de esa política integral hacia Nuestra América.
Sin embargo esta contraofensiva se enfrentará a un pueblo que viene de haber obtenidos triunfos importantes y que mantiene alto su espíritu de lucha, como hoy mismo demuestra la respuesta frente a la agresiva injerencia.
Lo que podemos afirmar es que esta política pre anuncia que entraremos en un nuevo momento de luchas, convulsiones sociales y nuevos fenómenos políticos. Desde el punto de vista objetivo, se ha comenzado a desarrollar una enorme oportunidad, la de avanzar hacia un nuevo nivel en la lucha por imponer el verdadero contenido de la Agenda Bolivariana.
La condición es que esta lucha no puede ser solo antiimperialista. Debe avanzar decididamente hacia el anticapitalismo, ser, al mismo tiempo, profundamente democrática y buscar un nuevo tipo de integración no capitalista de Latinoamérica: una integración solidaria, movilizada e independiente de los grandes centros del poder mundial.
5.- Las tareas de la izquierda radical en esta hora
Marea Socialista, corriente crítica, ubicada con claridad en el Proceso Bolivariano, no se confunde, y enfatiza en que la primera obligación de la militancia de izquierda en el continente y a nivel internacional es el rechazo contundente, con nombre propio, a la agresiva injerencia yanqui.
No sirve escudarse en supuestos o reales errores del gobierno bolivariano actual, gran parte de los cuales hemos señalado. No se trata de “derechos humanos” limitados a tal o cual dirigente de tradición golpista y violenta de la oposición. La defensa de la Venezuela Bolivariana ante la injerencia gringa es hoy una tarea imprescindible para la izquierda latinoamericana y mundial. Incluso más allá de las políticas acertadas o equivocadas del propio gobierno para defenderla.
La otra obligación irrenunciable es impulsar el debate sobre cómo construir en mejores condiciones una política de rechazo a las aspiraciones de Estados Unidos hacia nuestro país y el continente. Este debate, abierto, crítico, democrático, con participación inclusiva es, al contrario de lo que señalan altos jerarcas del gobierno, más importante que nunca para encontrar la mejor forma de defender las conquistas del Proceso, construir un piso de resistencia a las contrarreformas internas y empujar una política continental de soberanía e independencia más allá de las vacilaciones o la voluntad negociadora de los gobiernos de la región.
En tercer lugar ha llegado la hora de estrechar lazos, abrir debates y construir confianza a partir de la acción unitaria, entre la izquierda radical de nuestro continente. Porque, como ha quedado demostrado, son insuficientes las políticas anti neoliberales, debemos reconstruir el antiimperialismo continental, impulsar un anticapitalismo militante, luchar por una integración solidaria y post capitalista de la región. Estos pueden ser los pilares de la construcción de una nueva ola revolucionaria que revitalice del espíritu de la Agenda Bolivariana para Nuestra América y conquistar la definitiva independencia.