miércoles, 8 de febrero de 2017

EL PAIS DE LOS DOS PREMIOS NOBEL : EL DE LA IGNORANCIA Y EL DE LA MUERTE RENAN VEGA CANTOR


EL PAIS DE LOS DOS PREMIOS NOBEL
: EL DE LA IGNORANCIA Y EL DE LA MUERTE
RENAN VEGA CANTOR
“Esta seudoaristrocracia
colombiana genera violencia desde la escuela básica primaria, al clasificar
educativamente las clases sociales: los ricos estudian en colegios de estratos altos; los pobres en la escuela
pública o en colegios privados de pésima calidad. Allí está el sustr
ato de la violencia colombiana. Se está
creando en la sociedad desde el principio una actitud de rivalidad, no de solidaridad, y eso se acentúa en la
universidad [...] [La] universidad privada colombiana tiene una tarea económica que es beneficiosa para los
dueños, pero es una tarea de formación criminal para sus alumnos, porque la ignorancia de lo elemental de
nuestra historia que promueve es increíble”.
Rafael Gutiérrez Girardot,
El partido liberal: es una mentira que está en crisis permanente
(
Entrevista
),
Revista Babel
, No. 11, mayo
-
diciembre de 2009.
l sábado 10 de diciembre
de 2016
se entregó en Oslo del Premio Nobel de la Paz (sic) a
Juan Manuel Santos, 34 años después de que le fuera conferido el Premio Nobel de
Literatura a Gabriel García Márquez. Con esto nos convertimos en el país de los dos nobeles,
de lo que debería desprende
rse que esos dos galardones han influido, o van a influir, en la
sociedad colombiana, haciéndola más culta (por la lectura y la escritura) y más pacífica. Por
desgracia, la realidad no se asemeja en nada a esa presunción,
y
al contrario, somos el país de
la ignorancia y de la muerte,
como lo mostramos en este artículo.
IGNORANCIA Y ANALFABETISMO EN EL
MACONDO
DEL NOBEL DE LITERATURA
Cuando Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982 era de
esperarse que ese reconocimiento, por lo demás merecido, especialmente por ese portento
que es
Cien años de soledad
, fuera a convertir a Colombia en un país de lectores. 35
años
después se puede decir en forma retrospectiva que eso no ha sucedido, y hoy en Colombia se
l
ee menos que cuando Gabo obtuvo
el
Nobel. Este es un primer asunto, el segundo estriba en
que
,
además
, la ignorancia reina
en la sociedad colombiana. Estos do
s aspectos merecen ser
analizados con cierto detalle.
Casi nadie lee en Macondo
“[...] hay mucha gente que encuentra en el crimen y en la ausencia de Estado una opción para ganar
dinero más rápidamente. El colombiano no sueña con tener una gran biblioteca,
sino con ganarse unos
pesos para salir rápido a la calle a preguntarle al primer interlocutor que se encuentre ‘¿usted no sabe
quién soy yo?’.”
Alberto Salcedo Ramos,
Los colombianos leen poco, prestado y regalado
, disponible en
http://www.eltiempo.com/multimedia/especiales/cuanto
-
leen
-
los
-
colombianos/15606578/1
E
n Colombia se lee muy poco y cada vez existen
menos lectores, como lo constatan diversos
estudios.
Según
el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y
el Caribe
(CERLAC)
,
el 67% de los colombianos nunca lee nada (salvo el insoportable celular), dos de
cada diez compran 1.6 libros por año. Una encuesta cultural del DANE de diciembre de 2014
concluyó que de los pocos colombianos que manifestaron tener el
hábito de leer, leen
en
promedio 4.2 libros por año.
Una encuesta de Consumo Cultural
del 2014
revela que menos de
la mitad de la población mayor de 12 años (el 48%) manifestó haber leído algún libro y esa
misma encuesta estableció que entre 2010 y 2014 la
lectura disminuyó en u
n 7%.
Se señala
que los colombianos leen en promedio entre 1.9 y 2.2 libros por año
1
.
Lo poco que se lee
es
de dudosa calidad literaria y con escaso
sentido crítico, puesto que
predomina el consumo de literatura de auto
-
ayuda, superación personal, actitud positiva, o
E
10
ni
la
del conflicto armado, por más cabriolas literarias que se intenten utilizar para
justificarlas.
En conclusión, en contra de
lo que dice Héctor Abad Faciol
ince, quien delira al afirmar que
Juan Manuel Santos es un “
gran hombre de estado”, su gestión en la
s oportunidades en que ha
ejercido
algún cargo público, incluida la Presidencia de la República, demuestra que es un
típico oligarca de derecha, que por supuesto sirve a las clases dominantes de este país y a los
intereses del capital transnacional, y en forma prioritaria al de Estados Unidos. No existe ni
un solo gesto, ni un solo hecho en la vida de Juan Manuel Santos que haya ido en contra de
pertenencia de clase, y los que piensen otra cosa viven en otro plane
ta
, y no precisamente en
Colombia, porque su paz no solo es neoliberal, sino que se reduce al fin del conflicto armado,
pero manteniendo intactas las estructuras de la injusticia y la desigualdad, que han originado
la guerra en este país.
Ahora bien, podr
ía pensarse, con juicio mesurado, que existe la posibilidad de que un
individuo que tiene los antecedentes de Juan Manuel Santos, que ha sido un guerrerista
empedernido, puede transformarse y convertirse en un pacifista de verdad. Sí, claro, tal
posibilida
d existe, pero Santos no ha dado muestras de ser un amante de la paz, ni durante su
gobierno, ni durante las conversaciones con las FARC, ni después de la recepción del Premio
Nobel.
M
ensajes
y símbolos
de guerra
en la recepción del Nobel
de Paz
y después
El
discurso en Oslo el 10 de diciembre de 2016, cuando recibió el Nobel, es indicativo de sus
concepciones sobre la paz, la reconciliación y la memoria, estrecho de miras y mezquino,
como no podía ser diferente en un típico representante de la oligarquía
criolla. Que no está
dispuesto a pedir perdón por los crímenes en que él mismo se ha visto involucrado ni por el
terrorismo de Estado imperante en Colombia, se demuestra con que no hubo ni una sola
mención al asesinato de cinco mil jóvenes colombianos por
parte del Ejército colombiano, en
lo que se conoce con el eufemismo de “falsos positivos”, de los que Juan Manuel Santos es
corresponsable directo, puesto que oficio como Ministro de Defensa del gobierno de Álvaro
Uribe Vélez. Tampoco se hizo referencia ni
al paramilitarismo, organizado y financiado por el
estado colombiano y por las clases dominantes de este país, y que ha realizado centenares de
masacres en el territorio colombiano. No hizo mención a las cinco mil asesinados de la Unión
Patriótica, ni a l
os desaparecidos del Palacio de Justicia. Con ese discurso de Oslo queda la
impresión que la guerra en Colombia contó con un solo bando, la insurgencia, como si el
Estado y los paramilitares no existieran o fueran unas mansas palomas. Santos no tuvo la
ga
llardía de pedir perdón por los crímenes del terrorismo de Estado, lo que indica claramente
el tipo de reconciliación, perdón y no repetición en el que está pensado, cuya esencia es la
impunidad absoluta del bloque de poder contrainsurgente.
Como para que
no queden dudas de lo que significa el Premio Nobel para Santos, y su
verdadero talante, hay que leer el mensaje que se envía con un hecho simbólico el mismo día
de recibir dicho premio: su reunión con dos criminales de guerra natos de los Estados Unidos,
químicamente puros
,
como diría Gabriel García Márquez
,
que no tienen ni una molécula de
pacifistas, como lo son Henry Kissinger y
Zbigniew Brzezinski. Criminales que han estado
involucrado
s
en apoyo a dictaduras criminales de América Latina
y otros lugar
es del mundo.
En concreto,
Kis
s
inger apoyó el macabro Plan Cóndor en la década de 1970 en el Cono Sur.
Reunirse con un personaje de tal talante criminal
significa pisotear la memoria de los
miles de
desaparecidos
,
torturados
y asesinados de Argentina, Urug
uay, Brasil, Paraguay, Bolivia,
Chile... y, lo que es simbólicamente expresivo, cuando ese encuentro se hace en el momento
de la recepción del Premio Nobel de Paz.
11
En Oslo, luego de recibir el Nobel de Paz, Juan Manuel Santos se reunió con dos de los peores criminales de guerra del mundo
contemporáneo: a la izquierda
Zbigniew Brzezinski
y a la derecha Henry Kissinger (también Nobel de Paz, en 1973).
Luego de recibir
el Premio Nobel de Paz, hay que ver las grandes realizaciones de Santos.
Entre ellas cabe mencionar que, tras la firma del Acuerdo de Cartagena, se han incrementado
el asesinato de líderes sociales y dirigentes populares en diversas regiones del país, sob
re
todo en aquellas con presencia histórica de la insurgencia de las FARC
-
EP. Ante esos crímenes,
Santos ha mantenido un mutismo absoluto e incluso ha llegado a insinuar
:
El ministerio
público nos dijo que no hay ninguna intención sistemática. Ha sucedido
en las zonas donde las
FARC hacían presencia. Hay minas ilegales y las plantaciones de coca. Esto está relacionado
con lo que va a pasar con esos negocios
22
.
O sea, que las muertes no tienen que ver con una
nueva guerra sucia, sino que son hechos aislados
. Esta es la vieja narrativa de la guerra en
Colombia, y no de la paz, que se basa en negar e encubrir los asesinatos de líderes sociales,
dirigentes políticos de izquierda y defensores de derechos humanos. Dicha narrativa se basa,
como siempre, en despoli
tizar y naturalizar la violencia. En la misma dirección, Santos se
mantuvo callado y no condeno el asesinato aleve de dos miembros de las FARC, ocurrido el día
17 de noviembre de 2016 por parte del Ejército, en una clara violación del cese bilateral de
fue
go.
Como la paz no tiene que ver solamente con las acciones militares, en el ámbito social después
del 10 de diciembre han continuado las acciones contra la población colombiana, entre las que
sobresale la aprobación de una reforma tributaria, que puede
catalogarse de un verdadero
atraco contra los más pobres de este país, por el aumento del IVA (el impuesto más regresivo
y antidemocrático que existe) del 16 al 19% y de prebendas y concesiones para los ricos y
poderosos, tales como rebajar el impuesto de
renta a las grandes empresas.

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