viernes, 3 de octubre de 2014

Muerte en la Pastora



                             
MUERTE EN LA PASTORA
Por Richard Toro Rojas
No hay época de mayor conectividad humana, que esta vivida en el siglo XXI. No puede un gobierno callar tan fácilmente a una multitud o persona; las redes sociales son deltas por donde navegan infinidad de opiniones y pareceres a velocidades inimaginables. Ninguna represa es capaz de detener tan inmenso caudal.
Anoche, casi de madrugada, en el crepúsculo del primero y alba del dos de octubre, por rendijas casi indetectables, anunciaban confusamente la muerte del Diputado Robert Serra y su compañera de sentimientos o trabajo, quizás de gestiones políticas; su acompañante esa trágica noche. Quizá como en una película, los actores de reparto pasan desapercibidos. Los tuits se activaron con expresiones de satisfacción unos, tristeza algunos; interrogantes otros y no faltaron los de carácter político, vertidos de venganza hacia el oponente, de adentro y afuera. Nadie se pregunta si todos los culpables están siendo señalados, por omisión, calentura o previsión política.
No se la razón del por qué un pajarito azul identifica al twitter; tal vez en semejanza a la paloma blanca que identifica libertad, espíritu y pureza. En la plaza San Pedro, Roma, es de usual uso por los Papas en oficio, soltar al vuelo estas blancas aves; sin embargo, son en los claustros del Vaticano donde se tejen las más cruentas versiones de maldad, crueldad, egoísmo y traición. ¡No vuela la sinceridad!
A contra pelo sobre el Ave Azul de la red social de mayor actividad en el mundo, cabalgan  tantas verdades, mentiras, ofensas, calumnias, que nadie estaría dispuesta a su sacrificio, como en aquel juicio de Barrabas y Jesús, entre la Ave Blanca y Azul, nadie arriesgaría a quedarse sin twittear.
En los tuits del 2 y 3 de octubre puede encontrarse la mayor de las encuestas sobre la realidad venezolana; su pensar, sus pesares; como nos vemos dentro y fuera de nuestra existencia; el grado de ansiedad y confrontación en que nos encontramos. La desaparición del Diputado Serra y María Herrera, más que impresionar, nos proyecta a que veamos que somos y a dónde vamos.
Lamentable suceso, que ojala la causa nos invite a la más profunda de las reflexiones; no porque los otros asesinatos y muertes de otras dimensiones, espacio y tiempo no importen, sino que por lo dantesco del crimen,  posición y protagonismo de las víctimas en la sociedad venezolana, haga al fin entronizarnos, que somos tan débiles como un Samán y fuertes como un Ave blanca o azul.
 Madrugada de Octubre de 2014

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