jueves, 30 de septiembre de 2010

Bolívar en Martí. Visión martiana del héroe

El discurso neoliberal, en buena medida envuelto en eufemismos conceptuales, falaces meditaciones filosóficas y enrevesado lenguaje académico, arremetió contra todo aquello que pudiera constituir símbolo o paradigma de las inexorables ansias de libertad, justicia social y solidaridad que animan al género humano. De ahí que no sea de extrañar la erosionante ofensiva acometida contra aquellos seres en los que como señalara Martí: "los pueblos en su hora de génesis saben ponerse vibrantes y triunfantes".[1]
Los acontecimientos de la última década del siglo pasado evidenciaron que no se sostienen naciones, ni revoluciones sin historia y sin tradiciones revolucionarias.
En entrevista ofrecida a la revista Contracorriente, Cintio Vitier, Presidente del Centro de Estudios Martianos y Premio Juan Rulfo, planteaba: "Nuestro pasado es una futuridad. Todos los hombres que nos precedieron como próceres o pensadores tenían un pensamiento de futuro. Nuestro pasado es el pasado de una futuridad. Somos la futuridad de ese pasado" y agregaba: "no puede negarse que existen hombres superiores, lo son en tanto voceros, en tanto Apóstoles;  voceros de una verdad que ellos no han inventado, que ellos no han creado, de la que ellos participan y con mayores luces que los demás predican y convencen. Si no se convence no se vence. Ese es el papel de los hombres superiores".[2]
Estas palabras nos ayudan a comprender el interés de los que pretenden mantenernos sojuzgados, y divididos, y así dejarnos sin historia y sin héroes.
Los peligros y desafíos que enfrentan nuestros pueblos en la actualidad exigen acometer acciones dirigidas a fortalecer la identidad y cultura nacionales, una de las vías para lograr este importante objetivo nos la recomendó José Martí cuando alertó acerca de la importancia de honrar a los héroes y el no perder la memoria de "los actos heroicos antiguos", pues aquel que la pierde o no la guarda bastante "corre peligro de perder fuerza para actos heroicos nuevos".[3]
Es conveniente no perder de vista que para el Apóstol, la historia "es un examen y un juicio, no una propaganda ni una excitación"[4] y que "el buen historiador ha de ver al hombre en todos su aspectos"[5].
Martí demostró cómo pueden y deben ser utilizados los ejemplos que emanan de las acciones, de la vida, pensamiento y obra de los hombres que llamó "sagrados", y de la historia que contribuyeron a forjar en función de las complejas tareas, que tienen enorme vigencia y que llamamos hoy, transmisión de valores, concientización, educación y motivación políticas, etc.
Conocer la concepción martiana acerca del héroe es necesario punto de partida para comprender y poder sacar experiencias también de este aspecto del arte martiano de hacer política. El presente trabajo pretende ser un acercamiento y contribución a este objetivo, tomando básicamente como ejemplo las valoraciones y tratamiento dado por el Maestro a la figura del Libertador Simón Bolívar.
En las Obras Completas del Maestro pueden encontrarse más de medio centenar de definiciones y alusiones referidas al héroe, tanto desde el punto de vista conceptual, como al papel que este desempeña, lugar que ocupa en la historia, motivaciones que le mueven, así como actitud que debemos asumir ante éste. El análisis de estas referencias nos permite confirmar la originalidad, que también en este tema tuvo Martí, quien parte de premisas fundamentalmente éticas para la valoración del héroe.
Mencionemos algunos de los criterios que sustentan esa visión:
          La heroicidad no es un don divino, ni sobrenatural.
          Todo ser humano lleva dentro un héroe dormido, las circunstancias en que le corresponda actuar serán las que posibiliten que éste despierte.
           La condición de héroe estará determinada por la finalidad del acto que se realice, que siempre estará motivada por elevados y nobles propósitos y conlleva entrega de sí, capacidad de sacrificio, amor al prójimo.
           El héroe encarna y representa las más justas aspiraciones del pueblo del cual es parte y al que está indisolublemente vinculado.
           El héroe no es el protagonista de la historia, es el servidor de una causa justa.
           La condición de héroe no está dada ni por razones de jerarquías, ni de fama.
           Al héroe, le son inherentes, tanto virtudes, como defectos, es falible y no está exento de cometer errores, los que deben ser abordados, sin menoscabo de los méritos.
            Los héroes son merecedores de honor. Se les debe alabar con sencillez.
            Siempre se está en deuda con ellos. La mejor forma de rendirles tributo consiste en "estudiar sus virtudes e imitarlos".[6]
Veamos a continuación algunos pensamientos martianos donde se ponen de manifiesto expresiones de estas concepciones sobre el héroe y los atributos inherentes a éste:
           El caudal de los pueblos son sus héroes[7]
           Los héroes creadores de las naciones importan más que la pecunia que luego las sustenta.[8]
           Las grandes personalidades son como cimientos en que se afirman los pueblos.[9]
           Los hombres que quedan son los que encarnan en sí una idea que combate, o una aspiración destinada al triunfo, los que pasan por el mundo voceando y luciendo con velocidad extraordinaria como astros.[10]
           ¡Qué inmenso es un hombre cuando sabe serlo! Se tiene en la naturaleza mucho de ígneo y montañoso. Hay hombres solares y volcánicos, miran como el águila, sienten como sentirían las entrañas de la tierra, los senos de los mares y la inmensidad continental.[11]
En 1885 en La Nación de Buenos Aires pregunta: "¿Qué hacen los pueblos que no levantan grandes templos a los redentores de los hombres; y colocan en nichos sus estatuas, y componen con ellos un santoral nuevo", indica que éstos deberán convertirse en lugar de reuniones los días feriados y concluye de forma categórica: "¿Por Iglesia, claman? [...] ¡Pues he ahí la Iglesia nueva![12]
Y en 1889, en el antológico "Tres héroes", relato con que inicia La Edad de Oro, la revista que dirigiera a los niños y niñas de Nuestra América, hablándole a sus jóvenes lectores de Bolívar, San Martín e Hidalgo, ofrece una de las más hermosas y completas de sus definiciones: "Esos son héroes, los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza o desgracia por defender una gran verdad".[13]
A modo de resumen traigamos a colación la sorprendente reflexión llena de significados y posibles lecturas, que con solo veintidós años, en 1875, nos ofrece en el poema "Mis padres duermen":
Oh! sueño de los pobres
los ignorados héroes de la vida (13 a) (t.17, p. 49)
Como puede verse, la concepción martiana del héroe no se atiene a la de Homero ni a la de Gracián, Rousseau o Carlyle. La misma resulta tremendamente original y avanzada para su época. Uno de los elementos esenciales que la definen es su raíz ética, lo que le concede novedad y vigencia. Su originalidad radica en algo que puede parecer obvio, y es que todas las consideraciones sobre el héroe se derivan de la alta y acabada concepción del ser humano que tiene el Maestr
De ahí lo actual y valioso de estas ideas, que tienen además como premisa que "ni se ha de adorar ídolos, ni descabezar estatuas",[14] para ser esgrimidas en el debate  que estamos obligados a entablar ante la guerra de pensamiento que se nos hace y que, según Martí, a pensamiento debemos ganar.
Los que niegan a nuestros pueblos el derecho a tener "héroes que eternizar, heroínas que enaltecer, admirables pujanzas que encomiar"[15], de los que se enorgullecía Martí paradójicamente, fortalecen y sofistican ahora más que nunca con la ayuda de las nuevas tecnologías y los avances de la industria de la propaganda y comunicación, la imposición de sus propios héroes y mitos. Proceso este que venía desarrollándose desde mucho antes que los oráculos de la postmodernidad nos anunciaran que era irremediable someterse a la aldea global neoliberal. Ya en los años sesenta el argentino Don Ezequiel Martínez Estrada en su Martí revolucionario (p.449) nos señalaba que: "Los reyes de la industria del deporte, de la fama mercantilizada han suplantado a los grandes hombres [...] Los grandes hombres de los libros sagrados y épicos han sido suplantados en sus pedestales y muchos por una ralea de renombre internacional de bandidos, bribones e impostores que han desvalorizado la auténtica condición humana". Y agregaba Martínez Estrada: "La competencia se ha extendido a campos inmensamente diversificados de actividades y hasta el historiador ha cedido a la presión de las fuerzas ambientales y terminado por tratar de reducir la talla de los grandes hombres".
Los pobres de la tierra ante la ofensiva de los poderosos no podemos renunciar a nuestros héroes ni temer al natural surgimiento de mitos revolucionarios, lo importante será siempre señalar la historicidad vinculante de estos con el presente, y apropiarse de las motivaciones e ideales enaltecedores que de los mismos dimanan. En este sentido contamos con el preclaro legado martiano cuando nos dice: "Los pueblos tienen la necesidad de amar algo grande, de poner en objeto sensible su fuerza de creencia y amor. Nada se constituye sin que algo se levante. Extinguido el culto a lo místico, álcese, anímese, protéjase el culto a la dignidad y a los deberes. Exáltese al pueblo, su exaltación es prueba de grandeza como el corazón es casa para los recuerdos, el monumento es casa para los héroes. El pueblo debe tener objetos vivos en que encarnar y hacer sensible su respeto y amor. Los sentidos avivan el alma. Modo de engrandecer el espíritu es hacer a los sentidos conductores de sensaciones de grandeza".[16]
Y eso es lo que hace el Apóstol con Bolívar. Como apuntara el maestro Gustavo Escobar Valenzuela: para Martí el héroe por excelencia, el arquetipo de hombre americano es Bolívar, al que nos lo presenta según la realidad que su circunstancia le reclama. Un Bolívar que sin ser legendario ni fabuloso, es guía para la acción, que requiere la tarea incompleta de forjar una América totalmente libre, al tiempo que se enfrenta a la imagen distorsionada que sobre el Libertador dieron muchos de los contemporáneos.[17]
Ciertamente de todos los héroes de la que llamara Nuestra América a quien más admira Martí es a Bolívar. A ciento cincuenta y siete se elevan las menciones directas al Libertador en las Obras Completas siendo la personalidad más mencionada. Por cierto, la primera mención conocida en su obra escrita data de 1875 y fue hecha en México cuando refiriéndose al gran venezolano lo llamara "el héroe que en las llanuras del mediodía fatigaba con la carrera su caballo, y su cerebro con el peso de los pueblos surgidos a su altiva voluntad, potentes y desenvueltos de miseria".[18] Y la última referencia aparece en la famosa carta a Gonzalo de Quesada de fecha 1ro. de abril de 1895,[19] conocida como su testamento literario. Sin embargo, me atrevería a afirmar que esta no fue la última oportunidad que le dedicara un pensamiento, como no fue tampoco el último homenaje que le tributó. Estoy convencido que allá en los campos de Cuba Libre, a caballo, cuando irradiaba felicidad por estar al fin, todos los días en peligro de entregar la vida en el combate, más de una vez tuvo que recordar al "Astro humanado",[20] ante cuya estatua, con fervor de hijo agradecido, derramara lágrimas, cuando recién llegado a Caracas, "sin quitarse el polvo del camino", le rindiera emocionado tributo.
Martí también llama a Bolívar "padre de los pueblos",[21] "hombre solar".[22] En el relato mencionado anteriormente "Tres héroes", cerca de treinta palabras bastan para ofrecer la imagen de El Libertador: "Era pequeño de cuerpo. Los ojos le relampagueaban y las palabras se le salían de los labios. Parecía como si estuviera esperando siempre la hora de montar a caballo".[23]
En relación con Bolívar, de forma recurrente Martí utiliza el elemento de la estatura. En el Cuaderno de Apuntes n. 18 (Tomo 21, p. 412) alude a que: "César temía a los hombres de poco cuerpo", y a continuación menciona a Hamilton, Thiers, Céspedes y a Bolívar. En junio de 1887 en el Partido Liberal escribe: "Davides han hecho más que Goliates [...] Bolívar pesaba tanto como su espada".[24]
La descripción de los ojos o la mirada es otro de los elementos distintivos en los retratos que nos ofrece el Apóstol. En 1877 en el drama Patria y Libertad uno de los personajes dice: "Soy la mirada ardiente de Bolívar",[25] en 1889 escribe: "Bolívar de un rayo en los ojos".[26] Y en el fragmento n. 69 del Tomo 22, p. 46, enuncia: "en aquellos ojos centellaba inquieta y confusa la libertad de todo un continente".
Las alusiones al don de la palabra podemos encontrarla en la Revista Venezolana cuando citando a Cecilio Acosta habla de "la cabeza de los milagros y la lengua de las maravillas".[27] En esa misma publicación se refería a "la palabra fervorosa de Bolívar".[28]
En la cuarta característica, fija frecuentemente su atención el Maestro. En 1883 se refiere a "aquel hombre solar, a quien no concibe la imaginación sino cabalgando en carrera frenética",[29] en 1881 se ha referido a la "cabalgada del fúlgido Bolívar".[30] En el discurso en Hardman Hall, en noviembre de 1889, expresa: "Y ya ponía Bolívar el pie en el estribo".[31]
Solo comparables a la magnífica imagen presentada en "Tres héroes" en que las características antes apuntadas se entrelazan armoniosamente, lo que permite crear una imagen nítida, factible de ser visualizada y por tanto de ser recordada, me atrevo a citar aquella de octubre de 1893: "La América [...] se hizo hombre y fue Bolívar",[32] o aquella otra de inusitada belleza en que nos dice: "Los aromas de las flores, el olor penetrante de las selvas, el ruido majestuoso de los ríos, el calor cargado de gérmenes del sol, los efluvios embriagados y poderosos, como regazo de india joven, de la suntuosa tierra, las mansas y dolorosísimas quejumbres que emanan de las almas invisibles de las razas muertas, perdidas por los aires, errabundas, cargando espíritus blancos; los siglos y la naturaleza americana se condensaron y dieron a Bolívar".[33]
Martí nos presenta al héroe en íntima conexión con otros hombres y, especialmente, con el paisaje que sirve de marco al accionar de éste. El paisaje, objetos, acciones en que los atributos de la naturaleza devienen protagonistas y en ningún momento son elementos decorativos, sino activos portadores de información que contribuyen a complementar la imagen del héroe, que brindan rasgos de la personalidad y de la psicología.
El autor logra transmitir el calor humano que siente por el héroe, lo que contribuye a irradiar emociones, al mismo tiempo se hace gala del dominio que tiene no solo de la biografía del héroe en cuestión sino también de la época en que éste actúa, así como del contexto histórico en que se desenvuelve y de los obstáculos que tuvo que enfrentar. Amorosa y respetuosamente son señalados los errores o limitaciones presentes en el accionar del héroe: "El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz".[34]
Como ha planteado Leopoldo Zea: "En la historia política y cultural de América Latina son muchas las figuras de hombres que unido su pensamiento a la acción, han actuado con conciencia sobre los problemas de la totalidad de la América de la que eran parte. Ejemplares y extraordinarias son en tal sentido dos grandes personalidades de esta historia: Simón Bolívar y José Martí [...] con Bolívar se inicia la acción liberadora que alcanza su culminación en Martí".
[...] Antihéroes ambos, de acuerdo a la concepción hegeliana de la historia, para la cual grandes hombres son los que con las armas de la conquista dan sentido a la historia. Antihéroes porque para éstos es otra la misión de los grandes hombres de América: la de liberar, no la de conquistar".[35]
Para Martí solo había "un medio de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los tiempos o un hombre de su tiempo",[36] por ello viven él y Bolívar.*
Al permanecer sin resolverse los problemas y males contra los que lucharon, sus ideas se mantienen vigentes. Ellos han resistido en el tiempo todos los embates, desde los intentos manipuladores, el endiosamiento, las apropiaciones politiqueras, las tergiversaciones de todo tipo, el silenciamiento, hasta los más abiertos o sutiles ataques. Pero el hecho de haber representado las más legítimas aspiraciones de sus pueblos y de haber combatido por hacerlas realidad; haciendo avanzar la historia, los hicieron parte consustancial del alma latinoamericana y caribeña, de las que nada ni nadie pudo ni podrá jamás borrarlos.
"...en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de bandera a los pies" imaginó Martí a Bolívar calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy". Esta estremecedora y bella imagen concluye con la rotunda y visionaria afirmación: "porque Bolívar tiene que hacer en América todavía", (37 a) (t. 8, p. 243) hoy pudiéramos modificarla y decir porque ambos tienen que hacer en América todavía como lo demuestra la realidad que viven nuestros pueblos.
Los hechos nuevamente, los testarudos hechos, vienen a desmentir y a descalificar a los que "sin fuerza para cumplir con los deberes que les imponen, prefieren renegar de las glorias americanas, como sin con esto se librasen del mote de menguados y egoístas",[37] porque están: "De un lado los que cantan la forma  de nuestras glorias, pero abjuran y maldicen de su esencia y de otro los que tienen tamaño de fundadores de pueblos y, por sobre el miedo de los timoratos y las preocupaciones de la gente vana, no quieren hacer de la América alfombra para naciones que le son inferiores en grandeza y espíritu, sino el pueblo original y victorioso anticipado por sus héroes, impuesto por su naturaleza y hoy sobradamente mantenido en estima por sus hijos; no por los que con el mismo plectro? porque eso usan plectro ?endiosan a Bolívar y a sus tenientes, y al espíritu ¡oh vergüenza! contra el que aquellos hombres magnánimos combatieron; sino por aquellos otros americanos que cuidan más de cumplir dolorosamente su deber de hijos de América en tiempos difíciles, que de pavonear serventesios y liras humildes en cambio de interesados aplausos, a los ojos de regocijadas tierras extranjeras. Los conocemos, los conocemos",[38] preclaramente advirtió Martí en 1884.
Los hechos, nuevamente los testarudos hechos, ratifican la importancia y el rol que juegan los héroes para seres humanos y pueblos y que "ni a la justa admiración ha de tenerse miedo, porque esté de moda continua en cierta especie de hombres el desamor de lo extraordinario",[39] pues los héroes constituyen patrimonio inestimable de los pueblos.
Los héroes se  hacen eternos cada vez que a la demanda de los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir alguien se apreste a pelear para hacer a los pueblos libres o a padecer en pobreza y desgracia por defender una gran verdad.
Ellos son fuente eterna de inspiración, como lo demuestran los cincos cubanos presos injustamente en las cárceles del imperio por combatir el terrorismo. Ellos son manantial inextinguible del que por los siglos de los siglos se nutrirán los sueños y esperanzas de todos los que con Martí y Bolívar creamos en la vida futura, en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud.
[1] José Martí: O.C., t. 8,  p. 251.
[2] “La Historia como esperanza”:  Contracorriente. ene-dic, 1998. Año 4. n. 11-14, p. 141.
[3] Ob. Cit., t. 9,  p. 268.
[4] Ibídem, t. 7,  p. 145.
[5] Ibídem, t. 9,  p. 307.
[6] Ibídem, t. 8,  p. 153.
[7] Ibídem, t. 13,  p. 263.
[8] Ibídem, t. 9,  p. 487.
[9] Ibídem, t. 13,  p. 181.
[10] Ibídem, t. 13,  p. 350.
[11] Ibídem, t. 6,  p. 361.
[12] Ibídem, t. 10,  p. 188.
[13] Ibídem, t. 18,  p. 308.
[14] Ibídem, t. 5,  p. 133.
[15] Ibídem, p. 95.
[16] Ibídem, t. 2, p. 211.
[17] “Bolívar: Hombre solar”, visto por José Martí. Martí a cien años de Nuestra América. UNAM, México; 1993. p. 167.
[18] Ob. cit., t. 6,  p. 198.
[19] Ibídem, t. 1,  p. 27.
[20] Ibídem, t. 22,  p. 205.
[21] Ibídem, p. 232.
[22] Ibídem, t. 7,  p. 212.
[23] Ibídem, t. 18,  p. 305.
[24] Ibídem, t. 7,  p. 57 y  t. 22,  p. 114.
[25] Ibídem, t. 18,  p. 139.
[26] Ibídem, t. 5,  p. 144.
[27] Ibídem, t. 8,  p. 159.
[28] Ibídem, p. 148.
[29] Ibídem, p. 175.
[30] Ibídem, t. 7,  p. 198.
[31] Ibídem, t. 5,  p. 171.
[32] Ibídem, t. 8,  p. 251.
[33] Ibídem, t. 22,  p. 204.
[34] Ibídem, t. 18,  p. 305.
[35] Zea, Leopoldo. José Martí a cien años de Nuestra América. México: UNAM, 1993., p. 10.
[36] Ob. Cit., t. 21,  p. 143.
* Martí fue proclamado por Fidel Castro, autor intelectual del Moncada en los inicios mismos de la revolución cubana que pese al bloqueo económico norteamericano, y amenazas de agresiones de todo tipo que duran ya más de 40 años, continúa la marcha firme y victoriosa.
Por su parte, más recientemente en 1999, el Presidente Chávez decía al mundo: "llamemos a la República que viene así: República Bolivariana de Venezuela, para sembrar allá, en el nombre y en el concepto de la República el nombre eterno, la idea motora que está impulsando la revolución de este siglo y del que viene: la idea de Bolívar, El Libertador, la idea bolivariana, el bolivarianismo revolucionario, porque la República que viene será bolivariana y será revolucionaria". (Discursos fundamentales. Foro Bolivariano de Nuestra América, 2003, p. 229.)
[37] Ob. Cit., t. 7,  pp. 252-253.
[38] Ibídem, t. 7,  p. 252.
[39] Ibídem, t. 8,  pp. 241-242.
Marzo/2006
Escrito por: Renio Díaz Triana. Centro de Estudios Martianos

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